Los intelectuales en retirada

Linea Formación, Género y luchas populares

Por: James Petras

Es dolorosamente evidente que los intelectuales ya no juegan un papel principal como protagonistas en la política de la clase obrera.

 

 

LOS INTELECTUALES EN RETIRADA

 

En verdad, para algunos la «clase obrera» ya no existe; para otros, la misma noción de clase es problemática. Marxismo se ha convertido en un término oprobioso, imperialismo ha sido sustituido por referencias vagas, socialismo es usualmente puesto entre comillas y los agudos lamentos por la crisis ideológica han sido reemplazados por reclamaciones de fracaso, desintegración y muerte.

La paradójica posición asumida por estos intelectuales es que alegan haber descubierto nuevas realidades sociales, políticas y económicas que colocan a las categorías marxistas fuera de moda, mientras proceden a traer a colación una mezcolanza de conceptos principales de lo tradicional más lugar común: «sujetos racionales», «equilibrio económico», «equidad distributiva», «democracias procedimentales», «preferencias individuales». Su retirada del marxismo está acompañada por un retroceso a la democracia liberal y la economía neoclásica. Nos encontramos de regreso a los debates de la década de 1950 (o a los de 1850) con una limitación: el optimismo intelectual que acompañó la ortodoxia anterior estaba anclado en una economía mundial capitalista expansiva, en la cual el crecimiento industrial, un fuerte movimiento obrero y las políticas oficiales activas de seguridad social todavía estaban presentes. La ortodoxia de 1950, basada en una mejora en el ciclo capitalista, puede ser excusada por la proclamación de un «fin de las ideologías». Los intelectuales conformistas del período anterior podían apuntar a una semblanza de «equilibrio» y democracia, particularmente si ellos excluían a las mujeres, los negros y las naciones del Tercer Mundo. Ellos podían señalar a la Rusia de Stalin y argumentar sobre el régimen colectivista, monolítico, inmodificable y represivo, como una alternativa no atractiva.

El repliegue de los intelectuales del marxismo, en particular, y el fin de la postura de la ideología científica ocurre precisamente cuando sus gobernantes están ideológicamente más robustecidos y no escatiman palabras para defender el poder de clase con exposiciones agresivas sobre el capitalismo teórico no regulado y la reconcentración del ingreso en la cima. Las políticas corporativas unen cada vez más a los directorios entrelazados y a los gerentes, mediante los bonos y los planes de acciones, que los vinculan aún más, socavando las nociones de la predominancia gerencial. Nunca en este siglo han sido tan transparentes los vínculos entre el capitalismo y el Estado como durante los 80; y nunca el control del Estado y la producción han tenido un impacto tan directo sobre la «distribución» del ingreso. Es precisamente en este período -lo que debe ser cataloga-do como perversidad histórica mundial-, que los ex-marxistas escogen enfatizar la autonomía del Estado frente al poder de clase, el papel autónomo de los discursos ideológicos en la conformación del desarrollo histórico, al mismo tiempo que disocian la «distribución» de la propiedad capitalista de la producción.3 Uno de los principales rasgos que presenta cualquier análisis de los ex-radicales es la sorprendente divergencia entre sus nuevas posiciones ideológicas y el desarrollo de las relaciones y procesos políticos y socioeconómicos del presente período.

La tesis de la «muerte del marxismo» está mayormente basada en una serie de fetiches y mitos -caricaturas de posiciones marxistas-, de razonamientos metodológica y teóricamente flojos y una falta de voluntad para aplicar la prueba de los hechos a sus proposiciones.

Confusiones graves

Una lectura cuidadosa a las páginas financieras de los principales diarios y revistas confirma la prognosis y el análisis marxista de la lógica interna del capital: su concentración y centralización; el movimiento de fusión masiva en conglomerados cada vez mayores, la fuerza creciente del poder financiero sobre el industrial y la creciente subordinación del capital competitivo nacional a estos movimien-tos.4

La proposición marxista concerniente a la creciente división de la sociedad entre trabajadores asalariados y el capital, ha avanzado aún más con el enorme crecimiento de trabajadores de baja remuneración dominando cada vez más la fuerza de trabajo en el llamado sector servicios.

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