Enseñar economía en tiempos difíciles

Linea Formación, Género y luchas populares

Por: Fredy Cante

En tiempos de graves desastres ambientales y enormes turbulencias sociales es pertinente preguntarnos acerca del tipo de teorías y políticas económicas adecuadas para resolver estas crisis. La economía política de la noviolencia es una de las opciones adecuadas.

 

 

NHTI huelgamundial

Décadas antes de que el Papa Francisco hiciese el llamado a cuidar de nuestra casa común y de que Greta Thunberg promoviese paros para frenar el incendio de esta, (Boulding, 1966) planteó que, vergonzosamente, los economistas no habían descubierto la redondez (ni la finitud) planetarias. En consecuencia, tales seres desquiciados, creían en el crecimiento y asumían que este habría de ser infinito e incontenible.

 Hoy aún proliferan economistas trastornados quienes, enfocados en ciertos indicadores de opulencia y de rendimientos pecuniarios, quieren hacernos creer que vivimos en el mejor de los mundos posibles y que la salvación está en el crecimiento, la productividad, la rentabilidad, etc.

 Lo cierto es que vivimos en tiempos difíciles, con terribles turbulencias ambientales y sociales. En la época de J. S. Mill era posible la disyuntiva entre ser un cerdo feliz o un Sócrates insatisfecho; hoy la masificación de cerdos felices (consumistas y productivistas) tan sólo permite que algunos intelectuales persistamos en la opción de ser una especie de Sócrates indignados y los más pobres y, en especial, las nacientes generaciones, queden condenadas a la condición de insectos infelices en vía de extinción.

 Existen graves crisis planetarias causadas por la acción humana y, en concreto, por las modernas economías del crecimiento: el puro capitalismo (crecimiento con alta desigualdad) y la “benevolente” socialdemocracia (crecimiento con baja desigualdad) y ese oxímoron llamado desarrollo sostenible (crecimiento con supuesta preservación ambiental).

 El calentamiento global con el consecuente cambio climático es la crisis más grave y recientemente publicitada. Este resulta de la combustión de carbón, gas y petróleo, de la deforestación, de la moderna agricultura, de la colosal urbanización y del consumo de carne (Ripple, W; Wolf, C; Newsome, T. , 2020).

Los devastadores incendios recientes en la Amazonia y en Australia son resultado del cambio climático y ocurren en países que deforestan y que extraen y exportan combustibles fósiles y otros minerales.

 Existen otras grandes crisis globales como el explosivo incremento en la población de humanos y de animales para el consumo (ganado vacuno, cerdos, pollos, etc.); la enorme pérdida de biodiversidad y la cercana extinción de insectos como las abejas y de animales salvajes, esto debido a un modelo de monocultivo y agroindustria que usa insumos derivados de combustibles fósiles; el aumento del poder destructivo de armas atómicas que se ha incrementado ostensiblemente desde Hiroshima y Nagasaki; la escasez energética que lejos de resolverse con los nocivos combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) trata de solucionarse con los mal llamados biocombustibles (cuya producción genera más inseguridad alimentaria y pérdida de la soberanía alimentaria); la persistente pobreza y la enorme desigualdad y la violencia típica de la economía que priva a billones de seres humanos del acceso a los medios más elementales de vida y de trabajo; las muertes de millones de seres humanos debidas a una pésima dieta alimentaria basada en azúcar y en grasas, y a una vida urbana sujeta al aire congestionado y a la polución; las hambrunas de tiempo y la pérdida del ocio y de las artes liberales, en un mundo esclavizado por la productividad y el imperio de la racionalidad instrumental; la pérdida de la privacidad y la amenaza las libertades individuales causada por los llamados numerati (hacedores de algoritmos) que trabajan para las agencias estatales de inteligencia y para emporios mercantiles (Google, Apple, Facebook, Amazon, etc.).

 En un texto seminal (Shackle, 1972, págs. 359-364), estudioso de la toma de decisiones, nos ayuda a entender que la economía es, principalmente, una teoría de la escogencia y, por tanto, es una de las ciencias de la imprecisión. Puso de relieve que los economistas modernos han estado obsesionados con medir lo inmedible: la economía convencional es una especie de física de las relaciones sociales, la cual impone mediciones para los derechos, los gustos, los valores, el dinero, el capital, las expectativas, las mercancías, la negociación, etc.

 Shackle destacó que en la solución de problemas ¾sea desde la teoría económica o desde la economía aplicada¾, existe una ineludible bifurcación: algunos optan por esclarecer y explicar las motivaciones que impulsan los intercambios y entonces indagan acerca de los misterios y contradicciones de la naturaleza humana, de la toma de decisiones en un mundo incierto y, ¾podríamos añadir¾, muestran los dilemas morales y las implicaciones éticas en la toma de decisiones (¡pese a los anticientíficos juicios de valor!); otros, obsesionados con soluciones prácticas y respuestas fáciles (¡como si tal cosa existiera!), por lo demás, buscadores de estratégicos cargos en el sector público o privado, pretenden establecer mediciones y controles de las elecciones y de la conducta de los actores económicos. Estos últimos entienden que sin indicadores y sin cálculos estadísticos y econométricos es imposible recurrir al diseño de incentivos y de algoritmos que sirvan para domesticar, manipular y, en fin, para gobernar a los seres humanos desde las empresas, las organizaciones, los partidos, los mercados y los estados.

 También existen economistas malabaristas que tratan de danzar sobre filo de la navaja entre ambos mundos.

 A partir de la mencionada lectura sugiero que los tecnócratas corresponden al mundo de los economistas obsesionados con la medición (incluso de lo que no se podría ni debería medir) y, peor aún, empecinados en el control de aquellas libertades que un auténtico liberal debería dejar fluir. Sintomáticamente ellos se concentran en agregados, promedios y en diversos lechos de Procusto.

 A estas alturas resulta pertinente aclarar que en lo concerniente a algunas condiciones y resultados sociales, económicos y ambientales de la conducta humana, es posible y aún prioritario establecer algunas mediciones. Indicadores referidos a la huella ecológica, la temperatura del planeta, la desigualdad, las condiciones sanitarias y educativas, etc., son fundamentales aunque no sean raseros completamente objetivos y disten de ser neutros.

 Los tecnócratas más acérrimos suponen que la economía es una especie de ingeniería social (sea esta gradual o totalizante). Ellos asumen que los seres humanos obedecen a diversas estructuras de incentivos de carácter legal, emocional y económico.

 Los economistas genuinamente liberales plantean que los seres humanos deciden y que sus escogencias están en gran parte indeterminadas (pues las elecciones bajo incertidumbre son libertarias e implican libre albedrío). Algunos como (Sen, 2009) entienden la economía no debería ser una ingeniería para el diseño y manipulación de incentivos y que, más bien, mediante diversas pedagogías los seres humanos pueden, voluntariamente, transformar sus escogencias.

 En lo referido al abordaje del tiempo y de la historia existe una clasificación adicional. Unos economistas se preocupan por lo inmediato (la coyuntura y el incendio nuestro de cada día) y por el muy corto plazo. Otros, más pensadores universalistas, se enfocan en los problemas del fin del mundo (el apocalipsis entrópico, el estado estacionario, el cambio social, la economía en tiempos de desastre ambiental, etc.) y las tendencias del largo plazo.

 Los tecnócratas, consagrados al diseño de respuestas rápidas y políticas obsecuentes para complacer al mejor postor, prefieren delimitar su trabajo en el muy corto plazo. Evocando el cínico pragmatismo del gris ciudadano Eichman —explicado por (Arendt, 1963)—, muchos de ellos se limitan a dar solución “eficiente” a problemas convenientemente delimitados haciendo cómoda abstracción de costes sociales y ambientales e implicaciones históricas.

La economía no es un campo de estudio completamente científico y, además, no es neutral ni en lo político ni en lo social. Las diversas doctrinas económicas (marxismo, keynesianismo, social-democracia, neoliberalismo, etc.) son muestra de que la economía dista de ser una ciencia unificada y objetiva. En consecuencia, los economistas (sean filósofos morales o tecnócratas) son seres con ideologías, posiciones políticas y, además y más importante, responden a intereses de clase (ocupan una posición social y, por lo mismo, defienden determinados intereses).

En la ola de protestas y paros, en contra de gobiernos derechistas o izquierdistas en diversos lugares del mundo, las estridentes voces de los manifestantes han criticado a políticos y a grupos económicos pero muy poco a los economistas. En Colombia, como lo ha señalado (Rubio, 2019), a raíz de las recientes protestas, han salido a dar clases heterodoxas a la calle algunos profesores provenientes de universidades que en las últimas décadas han formado a cuestionados tecnócratas y economistas.

 En tiempos de turbulencias ambientales y sociales existen, afortunadamente, algunas opciones heterodoxas para replantear la formación de economistas y de estudiosos sociales con buenos fundamentos en teoría y política económica. Los diversos autores de un libro que recientemente hemos publicado (Cante, Fredy & Torres, Wanda, 2019) planteamos que es prioritario preguntarnos acerca del tipo de economía adecuada para resolver crisis ambientales y sociales. La economía política de la noviolencia implica unas relaciones sociales de escogencia, producción, apropiación, distribución y consumo que permitan reducir ostensiblemente la violencia social y la destrucción ambiental. Más allá de una transición energética requerimos un cambio radical en las motivaciones y conductas humanas. Abandonar cuestionables metas como el crecimiento, la productividad, el consumismo y la búsqueda de lucro son parte de la agenda de la economía noviolenta y, por lo mismo, nos encaminarían a un mundo con ocio y con un buen vivir.

 Bibliografía:

 Arendt, H. (1963). Heichmann in Jerusalem. New York : Viking Press.

Boulding, K. (1966). The Economics of the Coming Spaceship Earth. En H. Jarret, Resources for the Future (págs. 3-14). Baltimore: Johns Hopkins University Press.

Cante, Fredy & Torres, Wanda. (2019). Nonviolent Political Economy: Theory and Applications. New York : Routledge .

Ripple, W; Wolf, C; Newsome, T. . (2020). World Scientists’ Warning of a Climate Emergency. BioScience, 8-13.

Rubio, M. (19 de Diciembre de 2019). mrp-ee.blogspot.com. Recuperado el 19 de Diciembre de 2019, de https://mrp-ee.blogspot.com/2019/12/pilatunas-uniandinas.html?fbclid=Iw…

Sen, A. (2009). The Idea of Justice. Boston: Harvard University Press.

Shackle, G. (1972). Epistemics and Economics: A Critique of Economic Doctrines. Cambridge: Cambridge University Press.

Tomado de: https://lasillavacia.com/silla-llena/red-verde/ensenar-economia-tiempos-dificiles-71958

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