El Coronavirus y la crisis económica Global.

Linea Formación, Género y luchas populares

Por: Erick Pernett García*

¿Es la pandemia del coronavirus la causa o el efecto de la actual crisis económica mundial? ¿Es responsable de la crisis o surge como su detonante y manifestación externa? Se busca con ella, ¿confundir a los trabajadores y a la población mundial, para que acepten aterrorizados el embate de la crisis, inoculando el pánico colectivo por medio de una campaña mediática de alcance global sin precedentes?.

 

 

crisis global 2020

Con la aparición del coronavirus, COVID-19, a principios de diciembre de 2019 en la ciudad china de Wuhan y su posterior declaratoria de pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 11 de marzo, la élite del poder mundial ha ocultado el trasfondo estructural de la actual crisis del sistema capitalista, aprovechando los desastrosos efectos producidos por el virus y su rápida expansión a nivel internacional.

Se ha logrado confundir a los trabajadores y a la población mundial, para que acepten aterrorizados el embate de la crisis, e inoculando el pánico colectivo por medio de una campaña mediática de alcance global sin precedentes.

Ahora, con la reciente declaración oficial de la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI) Kristalina Georgieva el 27 de marzo, anunciando que la economía mundial entró en una recesión como resultado del coronavirus, la dinámica de la pandemia alcanza una nueva dimensión en donde la manipulación mediática, podría quedar opacada gradualmente como resultado de la propia recesión (1).

Con el inicio de la recesión, empieza a evidenciarse el verdadero trasfondo de la crisis económica, originado en el ajuste estructural que se produce actualmente en el sistema capitalista, resultado del agotamiento del ciclo de acumulación del capital y la caída de su tasa de ganancia, más de una década después de finalizada la Gran Recesión de 2008-2009. (2).

Ajuste que se produce de forma periódica, natural e inevitable y que ya se había iniciado antes de la aparición del virus.

Esto origina una nueva recomposición y redistribución de la riqueza y el capital mundial en manos de un número más reducido de capitalistas más poderosos. Acelerando así, la centralización y monopolización del capital, con un nuevo reparto de esa tasa de ganancia reducida, pero ahora distribuida entre menos capitalistas sólidamente consolidados. Lo que asegura la continuidad y supervivencia del sistema capitalista con una tasa de ganancia más baja.

Todo ello, en medio de un tsunami económico que estremece los fundamentos del sistema, golpeando a los trabajadores con oleadas de desempleo, caída de los salarios reales, arruinando a los capitalistas menos posicionados, en medio de bancarrotas, quiebras incontenibles y enriqueciendo aún más a los acaudalados y poderosos.

A su vez, el ajuste se origina de una parte, por el exceso de capital y mercancías producidas, como resultado del avance tecnológico y el consiguiente desarrollo de la capacidad productiva, frente a una creciente reducción del mercado de consumidores, que desplazados de sus puestos de trabajo con salarios de hambre, no absorben la masa creciente de bienes y servicios producidos, frenando así, la venta y valorización de las mercancías y el capital invertido.

Tal es el caso del petróleo, cuyo precio, en la cesta de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), se derrumbó casi 50% en los últimos 12 meses, pasando de los 71 dólares por barril hace cerca de un año, hasta los actuales 35 dólares a fines de marzo, cuando se declara la recesión mundial por el FMI, mientras sus precios a futuro cayeron por debajo de 20 dólares, precio que no se veía desde hace 17 años.

Todo, como resultado de la baja demanda y el exceso de oferta, derivado de la contracción económica mundial, agravado por el conflicto desatado en la reunión del pasado 5 de marzo en Viena, entre la OPEP y Rusia, segundo productor mundial, que rechazó la propuesta de recortar la producción en 1.5 millones de barriles por día para contener la caída de los precios, ocasionando con ello su mayor desplome. Acción dirigida a golpear la industria del fracking (tecnología de extracción hidráulica) y su producción de petróleo en rocas de esquisto, en la que EU es primer productor mundial, pero que requiere precios de venta superiores a unos 50 dólares-barril, por lo que el gobierno de Trump debió subsidiar a estas empresas para contener su bancarrota, en una espiral de creciente deterioro, agravado ahora por la recesión.

De otra parte, el ajuste responde a la sobreacumulacion de capital ocioso e improductivo existente en el sistema financiero, que potencia la caída de la tasa de ganancia, e impide así, la reinversión rentable del capital y las ganancias obtenidas, y determina una reducción de las tasas de interés en los bancos centrales, ahora por debajo de 0%.

Resulta paradigmático que en EU las tasas de interés cayeran de 1.5 % a O% en dos inesperados recortes sucesivos a principios de marzo, después de haberse mantenido su economía como la más boyante, con tasas promedio cercanas al 2%, luego de la Gran Recesión de 2008, por encima de los países occidentales que como Europa y Japón, las mantuvieron por debajo de 0%. Evidenciando con ello la gravedad de la situación y la imposibilidad de recurrir con éxito a mecanismos financieros como la baja de tasas para reactivar la economía, después de haber agotado el límite de 0%.

Estás reducciones que desvalorizan el capital, convirtiéndolo en capital excedentario marginado de la esfera productiva, lo desvían hacia la especulación bursátil, generando burbujas financieras en las bolsas de valores, que ahora se derrumban sistemáticamente, originando pérdidas económicas irrecuperables, estimadas en un 30% del valor de las acciones mundiales, por BNP Paribas Asset Management.

Como contrapartida de lo anterior, el exceso de capital improductivo genera un exceso de población desocupada, cuyo desempleo y empobrecimiento, conllevan la mencionada insolvencia y contracción del mercado que frena la demanda y el consumo, induciendo un círculo vicioso de estancamiento y parálisis de la economía, que retroalimenta una típica crisis de sobreproducción de mercancías y capital.

Las medidas de carácter monetario y financiero perdieron pues su eficacia al agotar sus posibilidades durante la Gran Recesión. Las tasas de interés se encuentran -como anotamos-, en topes negativos de 0% o por debajo de cero, mientras que el grado de endeudamiento de los bancos y los países está en niveles récord. Además, China que no se vio arrastrada a la Gran Recesión de 2008, ahora se convirtió en punto de partida de la pandemia y de la actual recesión, lo que le da a esta crisis un carácter global más profundo.

En este contexto, la responsabilidad de la debacle económica que ya se veía venir en los círculos de poder del capital internacional, se le endilga al coronavirus, que sirve de mampara para encubrir la verdadera naturaleza de esta crisis, que originada en la caducidad e irracionalidad del sistema económico y social imperante, amenaza superar, no solo la magnitud de la Gran Recesión de 2008, sino convertirse en una depresión económica de mayor alcance y profundidad que la Gran Depresión de los años treinta en el siglo XX.

En efecto, si la Gran Recesión se vio contenida por el papel dinamizador de la economía China -segunda más grande del mundo-, en el mercado mundial, que escapó a sus efectos devastadores, ahora fue precisamente China, que en medio de la guerra comercial declarada a principios de 2018 por el presidente Trump, se convirtió en el origen de la pandemia en su territorio y del agravamiento de la crisis económica a nivel mundial. Aunque paradójicamente, constituyéndose en el epicentro de la rápida e imprevista contención del virus, dos meses después de haberse iniciado en la ciudad de Wuhan.

Durante la Gran Recesión, China mantuvo su demanda de comodities, petróleo y demás materias primas en América Latina y otros países emergentes, evitando que inicialmente se vieran arrastrados al torbellino de la crisis. Cuyo epicentro giró en principio, sobre los países occidentales más desarrollados, empezando por EU, extendiéndose a Europa, alcanzando a Japón y arrastrando luego, en 2010, el norte de África y Medio oriente a caóticas revueltas de los pueblos árabes, irónicamente denominadas, "Primavera árabe", qué arrasaron las viejas dictaduras y terminaron sumiendolos en la anarquía y la guerra sin fin, en beneficio de las grandes transnacionales del petróleo, armas, tecnología.

No obstante, una China ahora más debilitada por la propia crisis económica mundial, la guerra comercial sostenida con EU, los efectos del coronavirus, y el crecimiento económico más bajo de los últimos 29 años, que pasó del 6.6% en 2018, 6.1% en 2019, con pronósticos de 5.4% para 2020, determinan que China ya no represente un muro de contención para frenar la expansión y globalización de la crisis económica mundial, viéndose más bien arrastrada por su torbellino arrollador. Y dónde aquellos crecimientos récord superiores al 14%, como el alcanzado en 2007 al inicio de la Gran Recesión son historia pasada.

De igual modo, la expansión de la Gran Depresión en los años 30, se vio contenida por la existencia de la Unión soviética, que aislada en la periferia del mercado capitalista y sostenida por los planes quinquenales de Joseph Stalin, no sufrió directamente los efectos de la depresión y terminó convertida en un colchón de amortiguamiento que frenó su internacionalización. Pero ahora, con el derrumbe soviético y la globalización del capital en Rusia, China y las demás economía antes consideradas socialistas, no existen ya, límites geográficos ni políticos para detener la mundialización del estancamiento económico, las quiebras y el desempleo masivo, abriendo pasó al desbordamiento de la protesta social, las guerras fratricidas y eventualmente a una revolución mundial contra el sistema capitalista.

Crisis en la que ya estamos inmersos de forma irreversible, y donde la presencia del virus -cuyo origen no se ha esclarecido y enfrenta a China y Estados Unidos, en mutuas acusaciones sobre su paternidad-, terminó convertido en un bumeráng, cuyos efectos devastadores y rápida expansión, agravan aún más el desarrollo y desenlace de la propia crisis, que terminará convirtiendo el coronavirus en otra historia pasada, como ocurrió con las más de 20 pandemias sobrevividas desde la antigüedad y las que fueron superadas en las últimas décadas, como el SARS en el Sudeste asiático, el Ébola en África, el MERS en Medio oriente y la gripe AH1N1 en el mundo.

Así, mientras la pandemia del coronavirus se irá superando a corto o mediano plazo, la crisis económica tiende a expandirse y profundizarse a largo plazo, con resultados impredecibles.

La pandemia del coronavirus encubre las causas estructurales de la crisis y simultáneamente, permite propagar por el mundo oleadas de pánico, utilizando todos los recursos mediáticos existentes para manipular la conciencia social y debilitar las organizaciones políticas de los trabajadores, bloqueando su resistencia y capacidad de lucha para enfrentar el embate de esta crisis que el capital está descargando sobre sus espaldas. Frenar las protestas sociales que se radicalizaban en Europa, Asia y América Latina desde 2019 y que amenazaban extenderse al resto del mundo. Militarizar la sociedad y legitimar la intervención dictatorial del estado en la economía. Suprimir las libertades constitucionales y los derechos individuales, convertidos en papel mojado, pretextando la defensa de la vida y la salud pública y aprovechando el pánico colectivo a la enfermedad y la muerte.

Y así, acondicionar a los trabajadores a las nuevas realidades de la crisis, que sobrevienen con el desbordamiento de la recesión, manteniéndolos confinados y aislados, separando a los individuos a distancia, e impidiendo su contacto, reuniones y vida social, para neutralizar las manifestaciones de protestas que se avecinan ante el hambre y el desempleo generalizado. Condicionandolos a pensar aterrorizados sólo en el coronavirus y la enfermedad, alienados tras el bombardeo informático de los medios.

Queda flotando la pregunta acerca de cómo explicar la aparente coincidencia entre la aparición del coronavirus en China, el simultáneo agravamiento de la crisis económica en el mundo y la rápida multiplicación de los contagios y decesos originados por el virus, primero en Europa -Italia, España, Francia-, y luego en Estados Unidos convertido actualmente, en foco mundial de la pandemia, luego de contenida su expansión en China.

¿Se trata de una simple coincidencia de la historia o de una acción premeditada? ¿Quizás por parte de EU, cómo lo denunciara un diplomático chino? ¿O quizás, por parte de la propia China, acusada de obtener ventajas políticas y económicas con la propagación de un virus al resto del mundo para el que ya estaba preparada?

Así, un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, acusó a mediados de marzo, a militares de EU de haber esparcido el virus en un mercado de mariscos en la ciudad de Wuhan durante los Juegos Militares Mundiales realizados en esa ciudad en octubre de 2019.

Teoría conspirativa qué surgió en medio de las sospechas difundidas desde EU, de que el coronavirus se había originado en el laboratorio chino de alta seguridad, Wuhán p4, ligado a la Academia de Ciencias de China.

Cómo contrapartida se difundió la versión de que el virus no se habría originado en China, sino en EU, y que los primeros fallecimientos por coronavirus se produjeron realmente en territorio norteamericano, sin que se investigarán las causas de su muerte, reportandolas como casos de influenza, aunque pudieron ser originados por el coronavirus. Estas versiones, difundidas por fuentes chinas, japonesas y taiwanesas, estarian respaldadas por diversas investigaciones científicas y periodísticas.

No obstante, la verdadera procedencia del virus y la eventual intencionalidad geopolítica de su propagación, continúa manteniéndose en la sombra, tras mutuas acusaciones y declaraciones oficiales, que tienden a ocultar el verdadero origen de la pandemia y su trasfondo geoestratégico.

31 de marzo de 2020

Notas

1. Adquieren mayor vigencia y actualidad, las previsiones sobre la crisis económica realizadas en mi libro, "150 años de El Capital de Karl Marx", publicado a fines de 2017; y en el artículo, "Marx y la crisis del capitalismo global. Reflexiones para su discusión", reproducido en KAVILANDO el 8 de septiembre de 2019.

2. Ver el fundamento teórico del presente análisis en "El capital" de Karl Marx, especialmente en la Sección Tercera del tomó 3 sobre la "Ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia"

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