Origen del COVID-19 y la crisis económica mundial: ¿Mutación natural o propagación premeditada?

Linea Formación, Género y luchas populares

Por: Erick Pernett García*

Aunque no podemos predecir lo que va a sobrevenir después de la tormenta, si podemos anticipar lo que no va a sobrevenir. Ni el Estado de Bienestar de corte keynesiano, ni el neoliberalismo restaurador del mercado, ni la globalización totalizadora del capital pueden sobrevivir, ni resucitar después de la crisis. Conduciendo con ello, a la perspectiva de una suerte de neofeudalismo global o de globalización del feudalismo.

 

 

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A propósito de la celebración de la Asamblea Mundial de la Salud realizada recientemente en Ginebra, Suiza, el 18-19 de mayo, y del debate y la evaluación independiente aprobada contra la Organización Mundial de la Salud (OMS), a raíz de las acusaciones del presidente de Estados Unidos (EE.UU.) Donald Trump contra China por el origen del Covid-19  y por lo que él considera un mal desempeño de Pekín al inicio de la pandemia, que también involucraría a  la OMS, adquieren particular importancia las dudas, sospechas e interrogantes surgidos alrededor del origen del virus y la crisis económica mundial: ¿Mutación natural o propagación premeditada?

En mi reciente artículo, "El coronavirus y la crisis económica mundial" -publicado en Kavilando el pasado 31 de marzo  (https://cutt.ly/0tYdPpY)-,  planteábamos que el COVID-19 no constituye la causa de la crisis, sino el detonante y propulsor de la misma; la cual se origina en la naturaleza estructural de la propia crisis, como resultado del ciclo periódico de contracción del capital (1).

Así, el virus -declarado pandemia por la OMS el pasado 11 de marzo-, surgiría como un fenómeno coyuntural, insertado o superpuesto a la crisis económica en desarrollo; la cual emerge como un proceso autónomo e independiente de la existencia del virus, y derivado de la dinámica interna de la acumulación del capital y la caída de su tasa de ganancia.

Al respecto, en su informe del 1 de abril de 2020, el Equipo de Coordinación  de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social y Salud Colectiva, (ALAMES), precisa lo siguiente frente a la pandemia COVID-19:  "Por su parte, el establishment trata de invertir la causalidad, pretendiendo atribuir la crisis económica actual y la caída de la bolsa al Coronavirus, ocultando que la crisis no cede en su profundización desde su inicio con la crisis inmobiliaria de 2007-2008. En febrero 2018 por ejemplo, se citaba la caída de los índices bursátiles como superior a la de 2008 y la mayor desde 1987. Luego de un repunte de la crisis bursátil, 2018 fue citado nuevamente en diciembre como “el peor año de Wall Street tras la crisis económica de 2008". En agosto de 2019, un nuevo descenso de los índices bursátiles y una inversión del rendimiento de los bonos, haciendo más rentables los préstamos a corto plazo por encima de los de largo plazo, avisaba por primera vez de una inminente recesión, arrastrando la caída de los sectores financieros, energético (especialmente la caída del precio del petróleo) y de bienes no esenciales. En febrero de 2019 se citaba en publicaciones económicas, que 2019 sería un pésimo año para las finanzas y 2020 lo sería aún peor, presagiando una caída de hasta un 50% en los mercados y señalando que esta nueva crisis había comenzado en septiembre de 2018".
(delhttps://cutt.ly/0tYdPpY).

¿Cómo se explica entonces la aparición del COVID-19 en China a fines del año pasado y su acción desestabilizadora sobre la economía mundial, precisamente en momentos de agravamiento de una crisis que se venía gestando años atrás y cuyo estallido ya se anunciaba a fines de 2019 antes de la aparición del virus, en medio de masivas protestas sociales en varios países del mundo?

¿Cómo surge entre las entrañas de la crisis económica del capitalismo, una pandemia que penetra y se extiende al interior del sistema capitalista, potenciando y acelerando el desarrollo de una contracción sistémica del capital?

O el virus se origina de forma natural y accidental como resultado de una mutación espontánea en la familia del coronavirus, tal como sostienen la mayoría de investigaciones científicas y periodísticas; o fue el resultado de una manipulación del coronavirus existente, o de su descubrimiento en un laboratorio -aunque no de su creación artificial considerada imposible actualmente por la comunidad científica-, y esparcido de manera intencional y programada alrededor del planeta por círculos geoestratégicos de poder del capital internacional, interesados en lograr un objetivo y un resultado específico, en el marco de una guerra biológica.

Si fue así, ¿En qué laboratorio y dónde se produjo? ¿Eventualmente en EE.UU.? ¿O quizás en China? Ambos,  escenarios posibles y probables en los límites de una hipotesis calificada como "conspirativa", pero factible, considerando la conflictiva coyuntura geopolítica en medio de la cual aparece el virus en China, en el contexto de una guerra comercial emprendida por Donald Trump contra Pekín desde marzo de 2018, que enfrentaba ambas potencias, acentuando aún más el creciente deterioro de la situación económica mundial.

Lo que tampoco descartaria la eventual participación o liderazgo de otros países.  Entre los que se mencionan como cuna del virus, por ejemplo, Gran Bretaña, donde habría sido creado y patentado en 2014, en los laboratorios de Pirbright Institute con el apoyo de la Fundación Bill y Melinda Gates. O también, el laboratorios de Carolina del Norte del Instituto de investigación de Enfermedades Infecciosas del ejército de EE.UU. en Fort Detrick, junto con el laboratorio de Wuhán en China

Los dos escenarios hipotéticos mencionados, tanto el de un ataque biológico del COVID-19, eventualmente dirigido por Washington contra Pekín; o a la inversa, de Pekín contra Washington, o de otros, aunque difíciles de comprobar en el terreno pantanoso de las llamadas "teorías conspirativas", no resultan descabellados, ni deberían desecharse de antemano, por el hecho de ser calificados de "conspirativos".

En efecto, en medio de una confrontación tan agresiva entre los dos países, ambos escenarios podrían constituir hipótesis explicativas mas coherentes y sustentables, que la de suponer que se trató de un simple movimiento espontáneo e inconsciente de la naturaleza, sin intervención de la mano del hombre. Lo que por demás, llevaría a repensar, ¿qué es lo "conspirativo" en la reflexión científica? ¿cómo delimitar  la difusa frontera entre lo "conspirativo" y lo "convencional" en geopolítica?

Esto teniendo en cuenta que las propias autoridades chinas acusan a EE.UU. de haber creado este nuevo coronavirus en sus propios laboratorios y posteriormente, durante su participación en los Juegos Mundiales Militares de 2019, celebrados en Wuhan entre el 18 y 27 de octubre, haberlo trasladado allí para contagiar a la población y satanizar a China.

Y que por su parte, el presidente  Donald Trump, ha señalado públicamente que el coronavirus se originó en China, en un laboratorio de Wuhán donde apareció el primer brote. Acusación reforzada por su secretario de Estado, Mike Pompeo, aduciendo que el Gobierno cuenta con “una enorme cantidad de pruebas”, que a la fecha no se han presentado. Posición respaldada por varios países de aliados, como Australia y otros estados europeos.

A su vez, la OMS ha desestimado estas acusaciones y reafirmado el origen animal del virus. Versión a la que se suma Rusia respaldando a China y negando el origen artificial e intencional del coronavirus

Ahora bien, la amenaza de Trump de negar el pago de la multimillonaria deuda contraída con China (que hacia mediados de 2019 se estimaba en $1.11 billones de dólares -millones de millones-, un 27% de los $ 4.1 billones en letras del Tesoro, pagarés y bonos adeudados a países extranjeros) responsabilzandola de la creación y propagación del virus, junto con los daños y perjuicios ocasionados al mundo, y que Washington procedería a cobrar como compensación, descontandolos del monto de esa deuda, más bien podrían fortalecer la hipótesis de que el virus fue manipulado e introducido en China desde EE.UU. y que sus reclamos actuales responderían a un plan preconcebido para justificar la negación de una deuda imposible de pagar.

Esta polémica, convertida en una confrontación de carácter geopolítico, se agrava con la decisión de Pekín de crear una criptomoneda, el Cripto Yuan, denominado e-Renminbi, e-RMB, con respaldo en oro y petróleo, garantizado por el gobierno chino, que desdolarizaria sus transacciones electrónicas y competiría con el dólar, debilitando su posición hegemónica, fundada más bien en el poderío militar de Washington, que en la fortaleza de una moneda carente de respaldo económico material.

Todo lo cual podría provocar una respuesta desesperada de la administración Trump para defender el dólar y proteger la debilitada economía norteamericana; trascendiendo el ámbito de las sanciones económicas, como el pago de la deuda, o el reciente bloqueo del suministro de semiconductores a la empresa china Huawei y la amenaza de romper relaciones con Pekín, hasta acciones que pudieran conducir a una confrontación militar entre las dos potencias.

Ahora bien, si el virus no se originó ni expandió de forma natural e inesperada, sino que tras su origen y propagación realmente existió una finalidad estratégica premeditada, ¿qué relación tenía con el desarrollo de la crisis económica próxima a estallar? ¿Qué finalidad se perseguía? ¿Para qué difundir el virus a nivel mundial en la antesala de la crisis?

Una eventual explicación de este enigma podría investigarse en la hipótesis, que la finalidad de su propagación por el mundo desde China a fines de 2019 en pleno auge de una crisis económica próxima a estallar, buscaba anticipar y programar la inminente explosión de la burbuja económica del capital, antes que ésta se produjera de manera anárquica y descontrolada, induciendo su irrupción de forma más "ordenada", y generando una reacción en cadena dirigida y preestablecida.

En el marco de esta hipótesis, anticipar el inicio de la crisis, apuntaría entonces, a propiciar el manejo "ordenado" de una situación social que amenazaba salirse de control, ante una eventual respuesta desesperada y violenta de la población.

De ahí que inocular un pánico generalizado al contagio del virus, exagerando por ejemplo,  su eventual peligrosidad, permitiría sumir la población en una condición de parálisis e indefensión, por medio de toques de queda, cuarentenas, aislamientos obligatorios, comparendos, etcétera, que distancian y enfrentan los individuos entre sí, impidiéndoles organizarse y comprender la verdadera naturaleza de la crisis y la perspectiva de su desarrollo.

Con ello, por medio del miedo, las sanciones y la represión -justificadas en la amenaza del virus-, se sometía la población a una situación de sumisión y aceptación, que amortiguara el impacto social de la crisis, preparándola para soportar confundida, la oleada de desempleo, hambruna y opresión que iba a sobrevenir. Imponiendo así, los mandatos del capital, bajo la omnipotencia del poder y la impotencia de una sociedad sometida a la dictadura de los protocolos bajo la fuerza del Estado

Situación, que a su ves permitiría una utilización política del virus, gracias a la propagacion de un miedo patológico a la muerte y un pánico colectivo, fundado en el aparente riesgo de alto contagio, acompañado de un escenario macabro de cifras luctuosas, hospitales, cadáveres, sepulturas y demás visiones de ultratumba, difundidas por los medios de comunicación con una manipulación mediática de la pandemia.

Justificando así, la implantación de medidas coercitivas, que violando los derechos  individuales y constitucionales de los ciudadanos, permitieran condicionar la población y amedrentar la oposición, para asumir la represión como algo necesario y aceptar sin cuestionamientos, el  desbordamiento de la crisis global y la futura e imprevisible situación de poscrisis como consecuencia inevitable del coronavirus (2)

Igualmente, sin modificar las relaciones de producción y propiedad capitalista, ni la posición subordinada de explotacion del trabajo frente al capital, se convierte el confinamiento forzado, en un laboratorio y escuela de aprendizaje, para implantar nuevas formas y relaciones laborales, más acordes con las necesidades y exigencias de las tecnologías emergentes de comunicación y producción, basadas en los avances de la denominada cuarta revolución tecnológica, con la aplicación de la inteligencia artificial, vehículos autónomos, conexiones 5G, internet de las cosas, impresión 3D, etcétera.

Suprimiendo y transformando las  relaciones técnicas de trabajo, producción, distribución, comunicación y consumo existentes entre el capital y el trabajo, basadas en las tecnologías precedentes ya desuetas, y revolucionando los medios de transporte, la educación, la salud pública, las relaciones interpersonales, para  convertir el hogar y el núcleo familiar en epicentro de las nuevas relaciones económicas, políticas y sociales emergentes.

Relaciones en las que internet jugaría un papel determinante, abriendo paso a las formas nacientes de teletrabajo, teleeducación, servicios financieros, compra y distribución de productos en línea con drones y robots automatizados. Renovando y diversificando la producción y el consumo de mercancías, estimulados con la oferta de nuevas tecnológias. Lo cual reduciría el costo de reproducción de la fuerza de trabajo, para bajar los salarios reales, al tiempo que aumentaria la productividad y alargaría las jornadas laborales, incrementando la cuota de plusvalía absoluta y relativa, junto con la tasa de ganancia del capital.

Todo lo cual iría acompañado de importantes cambios demográficos, originados por la acción conjunta del virus y la crisis económica, que conllevarían una reducción selectiva de la población mundial, especialmente de la más pobre, envejecida, enferma, desempleada y menos productiva, rebajando con ello, los últimos rezagos de la nómina pensional, gasto de salud y demás servicios sociales y asistenciales que aún molestan a la acumulación del capital; para conservar en el mercado de trabajo la fuerza laboral más joven, saludable, productiva y calificada en el manejo de las nuevas tecnologías. Produciendo no sólo una transformación demográfica, sino una reforma de facto en el sistema  pensional, de salud, laboral, educativo, etc., aumentando de esta forma la tasa de ganancia del capital.

Cabría entonces preguntarse, ¿cuál seria el peso específico del virus en el desarrollo de estás transformaciones y en el agravamiento de una crisis económica que ya estaba en marcha y que él no ha creado? ¿Como habría evolucionado la crisis en forma autónoma sin la presencia del virus?  En el caso de una eventual propagación intencional del virus, ¿podría éste haber salido del control estratégico de aquellos círculos "conspirativos" del poder mundial y desbordar sus previsiones iniciales?

Preguntas difíciles de responder actualmente. Pero lo cierto es que el agravamiento de la crisis económica mundial acelerada desde la aparicion del virus en China, parece anticipar acontecimientos que tendían a producirse a corto o mediano plazo al margen de la pandemia, aunque de forma intempestiva e incontrolable.

En esta forma, se confunde e identifica intencionalmente la pandemia con la crisis económica del capitalismo, presentando al virus como su causa fundamental. Invirtiendo con ello su relación de causalidad y encubriendo la  responsabilidad intrínseca del sistema capitalista en la génesis y agravamiento de la misma. Asumiendo maliciosamente, que el final de la pandemia constituiría el fin de la crisis económica, y ocultando que su incierto y dudoso final, sólo representaría el despliegue de una contracción más profunda y prolongada del capital.

Tal como parece indicarlo el hecho, que mientras desde principios de mayo, empiezan a reversarse y  liberalizarse gradualmente en los países más industrializados de Europa, Japón, EE.UU, y más paulatinamente en América Latina, las duras medidas de confinamiento y aislamiento social impuestas en el mundo; simultáneamente se observa un agravamiento de la crisis económica a nivel mundial y en esos mismos países, con perspectivas económicas muy sombrias para 2020, lastrados por fuertes recesiones iniciadas en el primer trimestre, y a la espera de caídas más profundas en el segundo. Con crecientes pérdidas de puestos de trabajo que sitúan sus índices de desempleo a niveles históricos, comparables a los de la Gran Depresión de los años 30.

Así, EE.UU. con una caída anualizada de -4.8% del PIB en el primer trimestre, cerca de un 20% de desempleo y más de 40 millones de puestos de trabajo destruidos. China, con una contracción de -5.5% del PIB, un desempleo histórico del 6,2% y un incremento de 1,08 millones de desempleados en solo dos meses. Japón en una recesión de  -3.4% de contracción anualizada en el primer trimestre, -12% esperado para el segundo y 2.5% de desempleo. La Unión Europea  (UE) también en recesión, con una contracción estimada de -7.4% en 2020. Alemania y Francia -las 2 economías más importantes de Europa- en recesión. La primera con un retroceso anualizado de -2.3% en el primer trimestre, -10% esperado para el segundo y -6.5% estimado en 2020 y una tasa de desempleo de 4.0 a 5.5%.  La segunda, con caída de -6.0% en el primer trimestre. Grecia y España con desempleo de un 20%.etcetera. América Latina en recesión con caída estimada de -3.2% en 2020, 11,5 millones de nuevos desempleados y casi 30 millones más de pobres en la región, según la CEPAL; liderada por México y Ecuador con caídas de -6%, junto a Brasil y Argentina con -5.0%. El petróleo por primera vez en su historia, alcanzó el 20 de abril precios negativos por debajo de $0 dólares barril en la variedad West Texas de EE.UU. Y así sucesivamente en el resto del mundo, que se contrae un -3.0% sumido en fuerte recesion.

La pandemia representaría por tanto, el ropaje externo de la crisis y su manifestación aparencial, que oculta el verdadero trasfondo de su contenido estructural.

¿Pero conserva el sistema capitalista la fortaleza necesaria para renovar el proceso de acumulación del capital, después de esta nueva contracción, de mayor complejidad y amplitud que la sufrida durante la Gran Recesión de 2008-2009? ¿O necesitará una nueva guerra global como la que le permitió superar la Depresión de los años 30 gracias a la Segunda Guerra Mundial y emerger fortalecido con el desarrollo de nuevas tecnologías y armas nucleares que ahora hacen imposible sobrevivir a una Tercera?

Aunque no podemos predecir lo que va a sobrevenir después de la tormenta, si podemos anticipar lo que no va a sobrevenir. Ni el Estado de Bienestar de corte keynesiano, ni el neoliberalismo restaurador del mercado, ni la globalización totalizadora del capital pueden sobrevivir, ni resucitar después de la crisis. 

Ni estado de bienestar, ni neoliberalismo, ni  globalización pueden renacer de los escombros que han heredado: ruinas de los estados nacionales, fragmentación e introversión regional de un mercado mundial deprimido por la pobreza y la  destrucción de las cadenas de valor y suministro, sobreexplotación y desempleo de una fuerza de trabajo pauperizada, exceso de capital ocioso agotado en el juego especulativo de las bolsas de valores, derrumbe de las tasas de ganancia del capital, y etcétera, etcétera (3).

Conduciendo con ello la sociedad, hacia la perspectiva de una suerte de neofeudalismo global o de globalización del feudalismo, ante el agotamiento de un mercado mundial descuadernado en medio de un archipiélago de poderes regionales enfrentados y bajo la amenaza latente de una guerra suicida, que presagia los inicios de una revolución mundial contra el capital.

NOTAS:

1. Ver el fundamento teórico del presente análisis en "El capital" de Karl Marx, especialmente en la Sección Tercera del tomo 3 sobre la "Ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia".

2. Una izquierda arrinconada, acobardada, maniatada, silenciada, ideológicamente desarmada por el Estado ante la amenaza invisible de un presunto "enemigo común", que exige  presentar un frente unificado. Hasta el punto, que irónicamente, fue el principal representante de la extrema derecha en América Latina, Jaír Bolsonaro, presidente de Brasil, quién plantó cara a la pandemia del coronavirus, considerándola una farsa, que calificó como una simple "gripita" que no podía paralizar la economía del país. Actuando obviamente, en defensa de los intereses estratégicos del gran capital.

3. La trilogía que cierra el ciclo de una época histórica del capitalismo, al igual que las oscuras golondrinas ... ya nunca más volverá.

El Estado de Bienestar, que como resultado de la expansión económica del capitalismo de posguerra hasta los años 70, permitió a los países más industrializados garantizar a sus trabajadores altos niveles de empleo y salario, distribuyendo parte de los excedentes económicos producidos por ellos con elevadas tasas de ganancia y bajo la presión de un sindicalismo fuerte y organizado,  ya no puede resucitar, sepultado entre las ruinas de estados nacionales endeudados, sin excedentes económicos que repartir y con tasas de ganancia deprimidas por la contracción de  capital.

El Neoliberalismo, cuya tarea histórica en épocas de crisis a partir de los años 70, condujo al desmonte de las conquistas económicas y sociales de los trabajadores y marcó el declive del Estado protector, enarbolando las banderas del mercado "benefactor", terminó pauperizando la fuerza de trabajo con creciente desempleo y salarios de hambre, privatizando hasta el endeudamiento y la ruina la autonomía de los estados nacionales, para asfixiar al mercado mismo en sus propias contradicciones.

La globalización, qué emergida  de la crisis del fin de siglo y el derrumbe del "socialismo soviético" y sus periferias en Europa oriental y Asia central, extendió la internacionalización del capital, llevando hasta sus últimas consecuencias y rincones del planeta, las tareas privatizadoras de un neoliberalismo global, arrasando la naturaleza y saturando hasta el límite la voracidad del capital.

* Profesor Titular U de A Ph.D en Sociología

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