Arzobispo De Cali Aboga Por Una Coalición Étnico, Cultural, Social Y Ecológica Que Integre Al País Con Los Liderazgos De Las Bases

Linea Formación, Género y luchas populares

Por: Rubén Darío Gómez - Observatorio de Realidades Sociales

El recrudecimiento a las acciones violentas, el retorno a la guerra, ha sido evidente. La multiplicación de actores armados pertenecientes a distintos proyectos armados en los territorios, ha hecho muy compleja y muy dolorosa la situación.

 

 

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La Comisión Étnica para la Paz y Defensa de los Derechos Territoriales acaba de desarrollar su quinta asamblea, a la que invitaron a monseñor Darío Monsalve para compartir sus apreciaciones respecto al actual momento. Aquí la invitación al encuentro de mínimos comunes para avanzar en la configuración de nuevas realidades.

 

Arzobispo De Cali Aboga Por Una Coalición Étnico, Cultural, Social Y Ecológica Que Integre Al País Con Los Liderazgos De Las Bases

La Comisión Étnica para la Paz y Defensa de los Derechos Territoriales, integrada por las Autoridades Indígenas del Sur Occidente (AISO), el Consejo Nacional de Paz Afrocolombiano (CONPA) y la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), el martes 30 de marzo de 2020 llevaron a cabo su quinta asamblea, la cual fue instalada con un panel de sabedores en el que participaron Diana Sánchez (Somos Defensores), Ariel Ávila (Fundación Paz y Reconciliación), monseñor Darío Monsalve (Arquidiócesis de Cali), Camilo González (Indepaz), Iván Cepeda (Defendamos la Paz) y María José Pizarro (Comisión de Paz de la Cámara de Representantes).

En el panel, moderado por el mayor indígena Armando Wouriyu, se pidió a monseñor Darío que compartiera la palabra en relación a sus apreciaciones sobre la realidad actual, las dificultades en los diálogos con el ELN y las recomendaciones a los pueblos étnicos. Aquí su intervención:

«Unas palabras para rendir un homenaje a todas estas poblaciones afrocolombianas, a las organizaciones del pueblo afro, a las organizaciones palenqueras y raizales.

Estos días de la pandemia nos han traído experiencias y nos han dejado imágenes muy impactantes. A mí me golpeó profundamente, la imagen de George Floyd asfixiado, ahogado, bajo la rodilla de un policía, el 25 de mayo de 2020, en Minneapolis, Minnesota. Esa brutalidad de la policía y esta forma brutal de racismo, golpeó la conciencia del mundo. El grito de “No puedo respirar”, se convirtió en el grito de la humanidad en medio de una pandemia y de un síndrome de insuficiencia respiratoria aguda, el covid-19, y que está tocando las fibras de toda la humanidad global, nos ha sometido a todos, nos ha arrodillado a todos, sin distinción, sin entrar aquí a hacer análisis de qué es realmente el fenómeno de la pandemia.

Unas palabras en homenaje también a los negros de Puerto Tejada, de manera especial a las familias de Anderson Arboleda y Janer García, también asesinados por la violencia policíaca en el contexto de esta pandemia.

Desde aquí, desde Cali he sentido con mucho dolor esa realidad de los pueblos negros. He visitado en este tiempo de pandemia a Buenaventura, para brindarle también un apoyo al alcalde Víctor Vidal y a la ciudadanía en medio de situaciones muy violentas que han afectado a la Costa Pacífica y hemos venido acompañando con los obispos y con las Iglesias del Chocó y toda la red del Pacífico, de toda esta cuenca, las realidades muy dolorosas de los pueblos afrocolombianos y de los indígenas.

Hace apenas unos quince días estuve en el resguardo Huellas, en Caloto, Cauca, acompañando a los Nasa que detuvieron a siete integrantes de la columna móvil, Dagoberto Ramos, que habían asesinado a uno de sus líderes comuneros en esos días, a Jesús Antonio Rivera, y los tomaron presos con su respectivo armamento; estaban sometiéndolos al juicio y a los remedios propios de la legislación indígena. Yo estuve ahí en ese momento en que estaban en las famosas sacudidas o los fuetazos, y pude tener un contacto también con estos jóvenes integrantes de la columna que estaban detenidos. En ese contexto, expresar la solidaridad y el profundo dolor que sentimos, con todo el sufrimiento de las poblaciones indígenas.

Agradecer a Ariel Ávila, el que haya denunciado el caso de septiembre pasado con la niña indígena en el Guaviare y manifestar que la violación y el hecho de violencia sexual y de complicidad y de concurso para delinquir por parte de soldados y de su grupo del ejército colombiano, en Risaralda, es también un hecho que el país tiene que asimilar y que la sociedad colombiana necesita no solamente repudiar con palabras y con escritos, sino también con una exigencia de cambios profundos e inmediatos en la Fuerza Pública y en el concepto que está manejando este Gobierno de enardecer cada vez más los ánimos hacia una guerra cruel e irracional, hacia conductas irracionales.

En cuanto al balance al proceso de paz con el ELN quisiera decir, sencillamente, que en lo personal experimento una gran frustración y una enorme incertidumbre en relación al inmediato futuro de estos procesos, y aun al mediato y largo plazo, porque los procesos que están, que subyacen a esta pandemia, puedan echar por tierra, completamente. Todos estos procesos que el pueblo colombiano en algún momento vislumbró como su paz y la salida negociada al conflicto armado, pero que ahora caen en este tramo de nuestra historia tan difícil, tan violento y en una encrucijada internacional, también muy compleja, en la que probablemente va a darse una gran lucha por el control total de las sociedades.

El recrudecimiento a las acciones violentas, el retorno a la guerra, ha sido evidente. La multiplicación de actores armados pertenecientes a distintos proyectos armados en los territorios, ha hecho muy compleja y muy dolorosa la situación.

La pérdida de interlocución. No tenemos ya interlocución con la delegación de La Habana y tampoco en los territorios; es cada vez más lejana la interlocución con el COCE (Comando Central del ELN) cada vez más difícil identificar los interlocutores, desde Antonio García hasta Pablo Beltrán, pasando por todos los distintos actores y jefes militares del ELN.

Se percibe de parte del Gobierno un manejo partidista electoral y, sobre todo, clasista del gobierno plutocrático a este proceso, totalmente enfocado para desmontar lo avanzado. Desde los comienzos de la campaña electoral, se sentía un espíritu de venganza contra el Gobierno Santos que vislumbró estos procesos, un espíritu de venganza contra el pueblo que los acompañaba y, lo más grave, una venganza contra los mismos excombatientes o exguerrilleros de las FARC que se acogieron al proceso. Una venganza genocida para desvertebrar, desmembrar completamente la sociedad, las organizaciones sociales y la democracia en los campos y en los territorios en donde, según se enfoca, tenía o tiene influencia las organizaciones subversivas.

Además, un manejo de alineación geopolítica. Todo este tema con Estados Unidos y Venezuela, con la OEA, con los bloques latinoamericanos, que nos han llevado a entender que este Gobierno buscará algún proceso con el ELN, muy a su manera y solamente ante las dificultades de relación con Venezuela y con Estados Unidos que se puedan presentar. Yo no descarto que estén intentando hacer un proceso muy alternativo al de las FARC. No sabemos si el ELN le responderá en esos intentos.

Como Iglesia hemos estado tratando de acompañar al máximo, hemos tratado de abrir más desde afuera los espacios, desde la comunidad internacional y, sobre todo, desde la diplomacia de la Santa Sede, y el proceso puede llevar a allí un hilo conductor.

En cuanto a recomendaciones, diría que los pueblos étnicos son un aporte gigantesco de sociedad organizada y disciplinada que tiene también una línea de protección en las guardias, la guardia indígena y la cimarrona, que han aprendido a ser esos cercos ciudadanos que ocurrieron en estos días en Teorama y eso me parece que son indicios muy esperanzadores de las poblaciones en los campos. Creo que las poblaciones étnicas deben pensar en esas configuraciones afrocolombianas que se han hecho en las grandes ciudades, sobre todo en Cali, donde el 50 % o más de la población son negros, para no decir también de las ciudades del Pacífico y el Suroccidente, pero de manera muy especial también en Medellín, Bogotá, Cartagena y otras ciudades del país en las que la población negra es muy significativa. Tendríamos que pensar muy seriamente en esas configuraciones urbanas que están muy ligadas a las poblaciones afrocolombianas de la cuenca del Pacífico o donde los desplazaron a los centros urbanos.

Finalmente, decir que lo político es muy importante y que el cese al fuego que siempre hemos pedido, el cese del fuego, lo convirtamos en un camino de organización y de integración política, en una coalición étnico, cultural, social y ecológica que integre al país con los liderazgos de las bases y no por los liderazgos de las cúpulas políticas. No más frentes nacionales entre Petro y el uribismo o entre quien fuere. Lo que necesitamos es que el frente social, étnico y cultural sea esa coalición que le permita al pueblo colombiano superar estas miserias que tiene en el presente».

Tomado de: https://observatoriorealidades.arquidiocesiscali.org/arzobispo-de-cali-aboga-por-una-coalicion-etnico-cultural-social-y-ecologica-que-integre-al-pais-con-los-liderazgos-de-las-bases/

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