"El Geominero". Revista del Corregimiento de San Agustín de Mina-Proyecto (Sur de Bolivar). Colombia.

Linea Formación, Género y luchas populares

Por: Equipo Editorial El Geominero 

El Geominero es una apuesta comunicativa local del corregimiento de San Agustín de Mina-Proyecto (Arenal-Sur de Bolívar) que nace luego de varias conversaciones con los líderes de la comunidad, con los cuales decidimos crear este espacio para expresar y dar a conocer nuestra historia y las realidades que nos acontecen día a día. En esa perspectiva, este proyecto comunicativo busca, por un lado, movilizar el sentido de pertenencia por el territorio, y por el otro, fortalecer el proceso y la vida comunitaria que desde nuestra identidad minero-campesina hemos construido durante años.

 

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De ese modo, El Geominero se constituye así, en una voz portadora de esperanza y resistencia, una voz que surge desde nuestras montañas para gritar con fuerza contra los intentos de despojo por parte del propio Estado; para gritar con fuerza contra los actores armados que atenten contra nosotros, una voz para seguir luchando y resistiendo por la vida y la permanencia en el territorio, reivindicando las luchas comunitarias y populares, el trabajo colectivo, los liderazgos sociales y el trabajo minero-campesino como una labor de dignidad.

Y para eso, en esta primera edición, queremos presentar el inicio de nuestra historia, a partir de pequeños relatos de aquellas personas que llegaron desde un comienzo a construir vida en medio de estas montañas, trabajando día a día con esa fortaleza mental y física propia del talente minero-campesino, además de esa sutil creatividad que nos ha permito forjar un territorio en medio de conflictos, tensiones y tropiezos, reconociéndonos siempre en la resistencia y en el trabajo comunitario colectivo para defender la vida y el territorio.

Finalmente, queremos dedicar este trabajo a toda la comunidad, especialmente a personas como Luzmila, Carlos Sampayo, Rober, Iván Quintero, Nelson, Ismael Serrano, Miguel Ruíz, entre otros, los cuales, de una y otra forma han sido personas claves en la fundación, crecimiento y desarrollo de la comunidad.

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CONSTRUYENDO VIDA DIGNA

“Esto acá era un camino real, un lugar de paso, hasta que un día nosotros llegamos por una madera, el aserrador era el señor Ismael serrano y el señor Miguel Ruíz era el ayudante. Empezamos así. De ahí dijeron “que empecemos a trabajar una mina que está por ahí”, bueno empezamos a trabajarla. Se comenzó socolando para luego limpiar. Nosotros ya teníamos un ranchito chiquito de plástico, pero se hizo uno más grande donde hoy es el parquecito, porque vino mucha gente. Ahí vivíamos todos.”

Así empieza el relato de Luzmi cuando le preguntamos por la historia de Mina-Proyecto, una historia que, como la de muchos pueblos en Colombia, está marcada por el empuje y carácter de aquellos que viven en medio del abandono del Estado, pero que de manera colectiva y autónoma han logrado construir poco a poco vida digna. Es por eso que hoy, en honor del duro trabajo de hombres y mujeres durante tantos años para fundar esta comunidad presentamos un pequeño relato de cómo empezó todo.

El carro lo dejaba a uno como a cuatro horas de camino, porque de allá desde Cosme hasta aquí está lejos. El pueblo fue creciendo con la llegada de pobladores que vinieron de diferentes lugares que escucharon hablar de la Mina, que se le puso Mina-Proyecto porque la gente al principio decía “vamos hacer esto y no lo hacía” entonces todo se quedaba en proyectos, y quedo así ¡Mina-proyecto! Pero el nombre completo es San Agustín de Mina Proyecto. San Agustín se le puso por la quebrada, que así se llama.

Desde un principio nos tocó organizarnos porque no cabíamos todos en el rancho, entonces mientras unos trabajaban de noche una semana, los otros dormían, y así, porque no cabía una hamaca más en ese rancho. No pasó mucho tiempo cuando las personas comenzaron hacer un ranchito, luego otro y otro, hasta que ese rancho grande en el que todos vivimos una vez, desapareció, y ya la mina fue tomando forma de pueblo con sus casitas.

Al mismo tiempo que pasa eso, las personas comenzaron a sembrar la tierra, a sacar sus cosechitas y ahí se continuó con esa tradición campesina, y por eso hoy somos minero-campesinos. Y la verdad es que nosotros nunca pensamos que esto fuera a crecer tanto, pero véanos hoy todos organizados, cada quien, con su casita, además de contar con luz, carretera y una escuelita, aunque por momentos tenemos dificultades para conseguir un profesor fijo.

No ha sido fácil, pero entre todos viendo la necesidad, nos hemos juntado para resolver los asuntos comunitarios. Puede que, para muchos en un principio, la mina fue un lugar de rebusque, pero para nosotros la mina se convirtió en un territorio en el que hemos podido construir dignidad, soportando el peso de la guerra a veces y la persecución contra el pequeño minero por parte del gobierno, pero bueno, aquí seguimos viviendo y defendiendo el territorio, un territorio que hemos construido con nuestras propias manos. (Luz Mila)

Este es el relato de Luz Mila, la primera mujer en llegar a estas montañas. Hoy, después de 20 años ella aprecia y admira la forma en que ha crecido Mina-Proyecto, un pueblo que ella ayudó a fundar.

No hasido fácil, pero hoy podemos decir que cada gota de sudor ha valido la pena, porque, aunque no tenemos muchos años de haber fundado este territorio, hemos logrado construir vida digna, y seguimos trabajando en eso, porque aún nos falta mucho.

Por eso queremos insistir en la necesidad de seguir conservando esa tradición minero-campesina con la cual hemos logrado hacernos un lugar en el mundo, en medio de la exclusión y desigualdad social de nuestro país, generando un proceso comunitario por la defensa de la vida y la permanencia en el territorio.

Escrito por: Jasmín Adriana Cuartas-Marlon Osorio Jiménez
Miembros del colectivo de comunicación el Geominero

  

LA EXPERIENCIA DEL PROCESO ORGANIZATIVO

 

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Cuando hay algo bien organizado, es porque existe un principio, y el principio organizativo en nuestro caso es tener presente el testimonio de los antiguos, de esas personas que lideraron la fundación de la comunidad, haciendo las cosas de la mejor manera para que la comunidad y las personas que hoy estamos aquí, cogiéramos ese ejemplo. Los antiguos sembraron en nosotros ese principio y hoy en día nosotros seguimos conservando eso. A mí me parece que una comunidad es organizada desde ahí, desde el carácter de los primeros pobladores, porque si los nativos fueron desordenados, todos estarían desordenados, pero como los nativos empezaron a organizar con todo el ejemplo de ellos mismos, la comunidad aprendió la disciplina. Eso fue lo que sucedió aquí, la gente desde un principio fue muy organizada para hacer las cosas. Además, creo que todos hemos entendido la necesidad de mantener un orden, y de juntarnos para resolver los problemas de la comunidad. (Nelson) 

Cuestiones como los de la carretera, la escuelita y las plantas solares, son cosas que se dan a partir de la gestión liderada por la Junta de Acción Comunal ante la Alcaldía de Arenal, durante varios períodos. Es algo de mucha paciencia y perseverancia, porque ese tipo de proyectos no sé consiguen de la noche a la mañana. Además, la propia comunidad ha hecho un aporte enorme tanto en los trabajos físicos, como con los aportes económicos. Hemos trabajado unidos, incluso, en Mina-Proyecto cuando hay elecciones políticas a nivel municipal y nacional, nos reunimos como comunidad y evaluamos la situación y decidimos votar por un candidato y todos votamos por él, evitando no la diversidad de pensamiento, sino esas disputas politiqueras que dañan y entorpecen los procesos comunitarios. (Iván Quintero, Líder de la comunidad)

Estos pensamientos, expresados tanto por Nelson como por Iván Quintero, representan de algún modo la mentalidad de la comunidad en general, una comunidad que ha comprendido la importancia social y política del trabajo colectivo, estableciendo un precedente muy particular como el hecho de asumir una decisión político-electoral de manera comunitaria.

Y hoy, queremos resaltar esos valores comunitarios, insistiendo en la necesidad como lo dijo alguna vez Camilo Torres, de insistir en lo que nos une y prescindir de los que nos separa, porque es a partir del tejido social, de la unión, que una comunidad puede construir y defender sus territorios.

 LUZMILA

 

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Blusa manchada, botas pantaneras, pantalón sucio, cabello recogido con gorra y machete a un lado: una estética un poco extraña para lo que han concebido en el estereotipo de género para una mujer. Luzmila, si, ella es Luzmila, una mujer, si, una mujer.

-Y ¿qué hace Luzmila?

-Hace de todo, unos días en la casa y otros días en la finca voleando machetilla, sembrando y cosechando frijol, plátano, yuca y demás alimentos, de eso viven allá los campesinos además de trabajar la mina, para vender el oro que tanto les cuesta sacar de esas cuevas doradas y peligrosas, mejor llamadas socavones y también para evitar salir a comprar cosas al casco urbano siempre es mucho mejor cultivarlas.

-Luzmila no es hija, se niega a serlo; ella es madre, madre de mucha gente exactamente 7 niños y niñas. Luego de negarse a ser hija de quien no quería asumirse como madre, Luzmila se va a trabajar la tierra, a intentar buscar un rinconcito en el mundo en donde encajar y en donde sobrevivir a la edad de 14 años, al pasar los años conoció en un encuentro casi liberado a Jesús Cuartas de quien se embaraza y se asimila como pareja.

Su recorrido como madre no termina allí y luego de un par de desamores y encuentros desafortunados con la muerte; el destino se ensañó con esta valiente mujer. Luzmila se dimensiona ahora con 7 personitas menores de 20 años que aspiran muchas cosas en su pueblo del que ella es fundadora, allí arribita en la mina, en el corregimiento de San Agustín mejor llamado Mina Proyecto o como yo le llamo “La loma eterna”. Esta familia numerosa se mueve jornaleando en dicho pueblo, las niñas pequeñas estudiando con pocas ganas, los niños en su rol de pequeños hombrecitos del campo, y las hijas mayores creciendo con sus pequeños bebés y divirtiéndose por las tardes en la cancha luego de una jornada de trabajo.

Luzmila sigue trabajando, sigue sonriendo y sigue siendo esa mujer brava del pueblo que no se la deja montar de nadie, porque así es que se sobrevive en un pueblo, aún más si eres mujer, mujer en un pueblo minero, en Colombia, en algún lugar pequeño de la Serranía de San Lucas en el Sur del Bolívar.

Escito Por: Pamela Arenas-Estudiante de la Universidad de Antioquia

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