Una mirada a las organizaciones sociales y comunitarias en el contexto Colombiano

Linea Formación, Género y luchas populares

Por: Marlon Estiven Osorio Jimenez.

Y es que la clase dominante de cada época, ha encontrado siempre la forma de debilitar las organizaciones sociales. En un tiempo, la forma más directa fue la violencia, y aunque hoy hay un escalamiento en el asesinato y las amenazas a líderes y procesos sociales, a esto se le suma la estrategia burocrática señalada por Ramiro Vélez, mediante la cual, la institucionalidad minimiza la autonomía de las organizaciones y, por lo tanto, su nivel de incidencia política.

 

 

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Colombia es un país, en el cual, desde la firma de los acuerdos de paz en la Habana, sigue presentando una serie de problemáticas políticas, económicas y socioculturales, que, de hecho, se han agudizado y complejizado aún más.

Esto no quiere decir, que el proceso de paz no haya tenido sentido, pero lo que si quiere decir, es que, en nuestro país se han tejido unas redes políticas y económicas, que no han permitido que la construcción de paz sea posible, además, de la participación de los medios de comunicación en función de los intereses de ese sector político y económico. Aun así, se siguen escuchando voces de resistencia desde los territorios, no sólo rurales sino urbanos, que continúan apostándole a la construcción de otra sociedad más justa y equitativa, en la que la guerra como fenómeno recurrente en Colombia, pase a la historia de una vez por todas.

 

Ahora, es importante señalar que, esas voluntades políticas y sociales, deben estar bien direccionadas, conociendo con claridad las problemáticas que afrontamos, de lo contrario, divagaríamos en las acciones que se pretendan realizar, desgastando los procesos sociales y comunitarios. En ese sentido, es pertinente reconocer el momento histórico en el que estamos, un momento en el que la participación social se ha instrumentalizado para legitimar las decisiones políticas que van desde las administraciones municipales hasta las gubernamentales y nacionales, restándole capacidad de incidencia a los movimientos sociales.

Respecto a esto, el docente Investigador de la Escuela Superior de Administración Pública (Medellín, Colombia), Ramiro Vélez Rivera, planteó en el tercer Congreso Regional De Paz Redipaz “Diciendo Y Haciendo por La Paz” que las organizaciones en Colombia se encuentran en una dinámica que él ha llamado movilidad institucional, explicando que “es cuando a las organizaciones y a los movimientos colombianos les ponen recursos en sus cuentas para que hagan seminarios y les ponen las agendas para que cuenten qué hablar y qué decir. Movilidad institucional es cuando el Congreso de la República constituye comisiones de Paz y Posconflicto que tienen un fondo burocrático pero que no resuelven nada en el mundo práctico del territorio”. (Rodriguez, Bedoya, & Machado, 2017, p. 38)

Y es que la clase dominante de cada época, ha encontrado siempre la forma de debilitar las organizaciones sociales. En un tiempo, la forma más directa fue la violencia, y aunque hoy hay un escalamiento en el asesinato y las amenazas a líderes y procesos sociales, a esto se le suma la estrategia burocrática señalada por Ramiro Vélez, mediante la cual, la institucionalidad minimiza la autonomía de las organizaciones y, por lo tanto, su nivel de incidencia política.

De ese modo, la participación se convierte en un espejismo que finalmente cumple el propósito esperado por la institucionalidad, de legitimar los proyectos políticos ya establecidos. Es por eso, que muchos de los movimientos en resistencia, marcan y deben marcar una ruptura radical con el diseño institucional, que pretenden impedir que los proyectos alternativos tengan cabida, puesto que ponen en riesgo los intereses económicos de los grupos empresariales que han cooptado al estado colombiano.

La participación debe entonces, ser de otra manera, diferente a la señalada por el diseño institucional. Inicialmente, las organizaciones deben seguir fortaleciendo y ampliando su autonomía política, manteniendo vivo los espacios comunitarios, así como los proyectos alternativos que se han gestado desde los territorios con las comunidades que día a día persisten en la lucha social, con tropiezos y dificultades, pero también con victorias grandes y pequeñas, que oxigenan las luchas comunitarias.

Por otro lado, es imprescindible problematizar la dimensión cultural del modelo político y económico instaurado no sólo en Colombia sino también en Latinoamérica, que ha sido definida por poderes económicos transnacionales, como un banco de recursos naturales para explotar, ignorando las relaciones que tejen las poblaciones con el territorio.

Esta forma de asumir la naturaleza, como mera materia prima, hace parte de la concepción extractivista, a partir de la cual se han configurado también las prácticas culturales; de ahí la necesidad de problematizar los modos de vida de nuestras sociedades, porque si bien, existe una desigualdad significativa, los proyectos políticos y sociales alternativos, no sólo deben pretender mejorar las condiciones económicas de las poblaciones empobrecidas, sino también de repensar y transformar esas prácticas de hiperconsumo y despilfarro, que atentan y degradan la naturaleza en proporciones gigantescas. Tal como lo plantean José Herrera y Alfonso Insuasty

Este sistema que se ha consolidado y globalizado, se basa en la producción (y su correlato: el consumo y la acumulación) en escala ascendente (progreso). Se trata de un modelo de producción asociada a la ganancia y la acumulación en todos sus órdenes, negándose de tajo, por improductivas, otras maneras de estar y relacionarse. En esta lógica, la relación hombre – naturaleza se le niega todo contenido cultural y trascendente, ésta manera de ubicarse en el mundo, ahonda en maneras irracionales de corte extractivista, no solo de los “recursos naturales” para la producción en escala ascendente y por ende de una cultura del consumo igualmente ascendente, sino de toda forma de relación humana, con consigo mismo, con los otros seres vivos, con lo no vivo, con sus valores, con todo. (2015, p. 538)

Esta realidad, en la que el ser humano parece no tener conciencia de lo que hace, es una realidad que se hace cada vez más urgente transformar. Es cierto que las problemáticas en los territorios tienen diferentes expresiones, pero en sí, todas parten o se derivan de un mismo modelo político, en este caso, el extractivismo. Ahora, es evidente el rechazo de las comunidades, en contra de la explotación de los recursos naturales, priorizando la vida y la permanencia en el territorio antes que la enferma lógica de acumulación económica. También es evidente la obstinación de las corporaciones y grupos empresariales para imponer sus propios proyectos políticos de orden económico, sin importarles la vida comunitaria y la destrucción del medio ambiente, a tal punto incluso, de masacrar poblaciones con el fin de sembrar el terror y fragmentar el tejido social, tal como lo expresa Raúl Zibechi

La violencia y la militarización de los territorios son la regla, forman parte inseparable del modelo; los muertos, heridos y golpeados no son fruto de desbordes accidentales de mandos policiales o militares. Es el modo normal de operar del extractivismo en la zona del no-ser. (s.f, p. 8)

Ante la relación estrecha entre Estado-empresa y grupos criminales, no queda otro camino para las comunidades que seguir resistiendo desde la colectividad, desde la movilización, desde el trabajo de base, fortaleciendo los espacios de formación e incidencia como las asambleas populares, a la vez que se busque trascender en escenarios institucionales con una agenda pública alternativa y concreta, sin dejarse atrapar por la burocracia de esos espacios.

Es una lucha, en la que se sigue jugando la vida y la permanencia en el territorio, confrontando los actores armados y los proyectos económicos por parte de las corporaciones empresariales.

Referencias bibliográficas.

Ospina, J. d., & Rodriguez, A. I. (2015). Diversas concepciones en torno a la naturaleza como sujeto político. El Agora USB, revista de ciencias sociales, 325- 585.

Rodriguez, A. I., Bedoya, E. B., & Machado, D. B. (2017). Participación y Paz. III Congreso Regional De Paz Redipaz. “Diciendo Y Haciendo por La Paz”. Medellín, Colombia: Editorial Kavilando.

Zibechi, R. (s.f.). Zonas de dignidad, extractivismo y resistencias.

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