Colombia transformaciones estructurales en un contexto internacional en transición. (Libro)

Linea Formación, Género y luchas populares

Por: Jorge Luis Garay.

Este ensayo tiene como propósito central presentar un esquema programático de transformaciones estructurales esenciales que deberían adelantarse para superar, en el menor tiempo posible, no solo la más de una década perdida en términos sociales y económicos potenciada por la pandemia del covid-19 sino, además, las múltiples fracturas societales endémicas en términos de desigualdad, exclusión e injusticias en muy diversos ámbitos de las relaciones en la sociedad colombiana.

 

 

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Presentación

Planeta Paz cumple veinte años trabajando con los sectores sociales populares por la construcción de la paz en Colombia, entendiendo que ésta no significa simplemente la superación del conflicto armado mediante la negociación política, sino que pasa por afrontar y superar las causas estructurales sociales y políticas que lo potencian.

El Acuerdo Final entre el gobierno nacional y las Farc-EP firmado el 24 de noviembre de 2016 en el Teatro Colón significó un paso fundamental hacia la superación del conflicto armado. Sin embargo, tres años y medio después de firmado, su implementación, así como la construcción de paz se encuentran en un momento crítico y decisivo.

Si bien el gobierno Duque afirma ante la comunidad internacional su compromiso con la implementación del Acuerdo Final, en la práctica incumple, desarrollando sólo parcialmente algunos de sus componentes, desconociendo por completo el carácter integral del mismo. Por otra parte, la decisión de romper las negociaciones que el gobierno anterior había establecido con el ELN afecta de manera negativa las posibilidades de superar el conflicto armado.

Pero sin duda, la ya crítica situación de la construcción de la paz se ha visto agravada aún más, y de manera significativa, por la crisis desatada este año por la pandemia del covid-19, tanto a nivel de salud pública como en lo económico, afectando de manera desproporcionada a las poblaciones más vulnerables, desnudando la precariedad de la institucionalidad estatal a nivel nacional y local, así como la altísima desigualdad de la sociedad colombiana, con su excesiva concentración de la riqueza y propiedad; en pocas palabras, la insostenibilidad del actual modelo neoliberal de exclusión social, mientras el asesinato de líderes sociales y excombatientes sigue en alza.

El documento aquí publicado, fue elaborado por Luis Jorge Garay para Planeta Paz en el marco del proyecto “Fortalecimiento de organizaciones sociales populares a partir de un enfoque de pedagogía de los conflictos que genere nuevas estrategias de acción para la implementación y desarrollo de acuerdos y la construcción de la paz”, el cual es apoyado por la Embajada de Noruega en Colombia.

Su publicación invita a un debate sobre esta nueva coyuntura, el cual irá enriqueciendo lo escrito, lo que dejará al final de la misma concreción del proyecto, seguramente, un texto con mayores desarrollos, así como visiones y proposiciones regionales integradas.

Daniel García-Peña Jaramillo

Introducción

Este ensayo tiene como propósito central presentar un esquema programático de transformaciones estructurales esenciales que deberían adelantarse para superar, en el menor tiempo posible, no solo la más de una década perdida en términos sociales y económicos potenciada por la pandemia del covid-19 sino, además, las múltiples fracturas societales endémicas en términos de desigualdad, exclusión e injusticias en muy diversos ámbitos de las relaciones en la sociedad colombiana.

Sin duda alguna, la pandemia del covid-19 desnudó con suficiente claridad graves falencias estructurales de diversa índole societal, que a pesar de haberlas agravado en la mayoría de sus dimensiones, brinda la oportunidad de llamar la atención de la sociedad en su conjunto sobre la necesidad de concitar compromisos y pactos societales con el concurso de amplios grupos poblaciones en su pluralidad y diversidad –de género, racial, étnica, intergeneracional, territorial– para emprender transformaciones estructurales en muy diversos ámbitos de la vida en sociedad.

Ahí reside la “razón de ser” del presente texto, sin otra pretensión diferente que la de servir como esquema inicial de referencia para un debate amplio que lo habrá de controvertir, enriquecer y rebasar con la confianza que en el proceso de debate podrían concitarse acuerdos programáticos básicos de transformación entre diversos grupos sociales.

El autor agradece los valiosos y estimulantes comentarios a una versión preliminar por parte de miembros del grupo estratégico del proyecto Planeta Paz, “Fortalecimiento de organizaciones sociales populares a partir de un enfoque de pedagogía de los conflictos que genere nuevas estrategias de acción para la implementación y desarrollo de acuerdos y la construcción de la paz”, apoyado por la Embajada de Noruega en Colombia. Así como las sugerencias de Carlos Salgado A., Clara Ramírez G. y Jorge Enrique Espitia Z., comentarios y sugerencias que enriquecieron y ampliaron los alcances de la versión preliminar del escrito.

Por supuesto, lo expresado en este ensayo no compromete ni total ni parcialmente la posición oficial de la Colombia. Transformaciones estructurales Embajada. De igual manera, los errores y omisiones remanentes en el texto son de plena responsabilidad del autor.

Antecedentes

La pandemia del covid-19 de carácter global llevó a una crisis social y económica sin precedentes en más de un siglo, con la mayor caída del PIB per cápita y la cuantiosa pérdida de empleos y elevación sustancial de la tasa de desempleo, la agudización de la pobreza en muchas regiones del mundo, la exacerbación de la desigualdad y la concentración de riqueza, la drástica reducción de ingresos fiscales y consecuente aumento de déficit fiscales, la subida sustancial de los niveles de endeudamiento público, la contracción súbita del comercio internacional, la quiebra masiva de pequeños negocios y de un ámbito de empresas de tamaño medio y grande, entre otras consecuencias.

En medio de este panorama son públicas diversas visiones y conflictos de intereses sobre cómo enfrentar las consecuencias de la pandemia y qué lecciones de economía política y de política pública han de tomarse en debida consideración para (re-) plantear, entre otros:

1. El modelo de organización social y económico, su enraizamiento bajo el neoliberalismo o su evolución hacia un posneoliberalismo o incluso poscapitalismo, o más bien a su reconversión hacia un tipo restringido de capitalismo de Estado.

2. El tipo de desarrollo y su sustentabilidad socioecológica.

3. El papel, el esquema y la naturaleza del Estado en congruencia con el grado de responsabilidad y ámbitos de intervención activa que le sean asignados.

4. La importancia de la esfera comunal o de lo común y la relación público-comunal-privado en la gestión de asuntos de interés colectivo.

5. El alcance y modalidad de la globalización económica, financiera y comercial.

6. La vigencia y ámbitos del sistema multilateral y la autonomía soberana relativa de los países en determinados campos de acción.

7. La necesidad, aparte de la conveniencia, de la implantación de una economía política de inclusión social consecuente con:

(i) una tributación y fiscalidad socialmente justa, sustantivamente redistributiva, incluyente por género, raza e inter-generacionalmente, y sostenible socioecológicamente;

(ii) unas políticas de protección social comprehensivas a favor de los grupos sociales desfavorecidos; 

(iii) una responsabilidad de última instancia intransferible del Estado para la gestión de servicios sociales esenciales con modalidades de coordinación pública-comunal-privada que no impliquen ni una injustificada mercantilización ni una indebida terciarización o privatización en la prestación de tales servicios, bajo un estricto marco regulatorio y fiscalizador no exclusivamente Estado-céntrico absoluto ni mucho menos Mercado-céntrico, y 

(iv) una rigurosa transparencia y fiscalización de las políticas públicas con la activa participación ciudadana en el marco de una democratización de la acción pública.

8. La tendencia a la relativa consolidación de la virtualidad digital en muy diversos ámbitos de las relaciones y prácticas sociales que van desde las relaciones de trabajo, a las relaciones de producción a distancia local/nacional/transnacional y en tiempo real, a las relaciones de educación y capacitación no presenciales ni interactivas colectivamente, a las relaciones del ejercicio de la política como la labor legislativa y de control del ejecutivo, por ejemplo, que podrían generar en muchas ocasiones fenómenos nocivos como los de sobre-explotación laboral, de excesiva a-socialización ciudadana y desactivación de ciertas formas de participación social, de obrevaloración del poder de influencia de las redes sociales –y el consecuente riesgo de desmedida importancia de las denominadas falsas noticias–, de un excesivo y no fiscalizado autonomismo anti-democrático del ejecutivo aún en regímenes democráticos formales, que podría llevar a “normalizar” el recurso a modalidades iliberales y de tinte autoritario1.

9. La inevitable gestión de la incertidumbre en sociedades modernas de riesgo, para prestar la conceptualización de Beck2, por parte fundamentalmente del Estado ante la eventual reproducción de situaciones críticas de índole sanitario, climático y ecológico relacionadas con la profundización de la crisis socio-ecológica y ecosistémica a nivel global.

Por supuesto, como todo proceso social evolutivo, el (re-)planteamiento está caracterizado y atravesado por multiplicidad de conflictos y contradicciones de muy variados intereses en juego a nivel tanto doméstico como internacional, por lo que su evolución antes que ser mecanicista, determinista o automatista, se ha de distinguir por su complejidad contradictoria entre campos, ámbitos e instancias de acción societal determinante.

En este sentido, sería de prever un periodo de tiempo de avances, retrocesos y estancamientos en variados sentidos transformadores, renovadores o reivindicativos del modo social/económico/ecológico imperante con la agudización o amelioración de fracturas estructurales del sistema capitalista neoliberal vigente como, entre otras, la desigualdad socio-económica y la concentración del poder en pocos agentes sociales y corporaciones, la creciente precarización laboral y exclusión social de amplios grupos de la sociedad, sobresaliendo el caso de las mujeres y de la juventud ante elevados niveles de desempleo de larga duración, el retroceso en la inmovilidad social intergeneracional en países del Norte global y la muy modesta –en algunos casos casi que inexistente– movilidad social en países del Sur global, la persistencia de elevadas tasas de ganancia de grandes corporaciones a nivel mundial3. Y con el agravante de la agudización de la crisis socio-ecológica, climática y ambiental asociada con el modelo de desarrollo neoliberal imperante en el mundo.

Fracturas sociales y crisis socio-ecológica que han de profundizarse aún más con las consecuencias de la pandemia del covid-19 ante lo cual sería de esperar, por un lado, la acentuación de la crítica al modelo neoliberal vigente en favor de un modelo posneoliberal o incluso poscapitalista en el mediano o largo plazo y, por otro lado, la defensa del modelo de mercado neoliberal bajo un régimen de democracia iliberal –con menos derechos y de carácter autoritario, tanto de ultraderecha como populista de supuesta tendencia izquierdista, como ahora proliferan en EEUU de Trump, Brasil de Bolsonaro, o Venezuela de Maduro y Nicaragua de Ortega, entre otros–.

Y más probablemente el surgimiento de visiones híbridas –esto es, de una hibridación– entre la de mercado liberal, la de intervencionismo estratégico pero parcelado del Estado, la de un multilateralismo regulado con algunos propósitos de índole nacionalista, la de un sistema de libre mercado internacional poroso y perforado por la acción soberana de Estados poderosos con el propósito de asegurar su autonomía en la provisión doméstica de bienes considerados ahora especialmente necesarios como los asociados con el sistema sanitario y la alimentación básica, entre otros, que implican retrocesos y conflictos respecto al modelo neoliberal imperante. Se trataría, entonces, de un intervencionismo selectivo y segmentado sobre el mercado con fines soberanistas, o al menos auto nómicos, liderado por parte de Estados poderosos, que impactaría sobre el marco multilateral y determinados tratados de libre comercio en vigencia.

En este escenario sobresaldría además la conflictividad incesante, al menos por un tiempo, entre la conveniencia de mediano y largo plazo de modificar el modelo de consumo y desarrollo neoliberal y los costos para sectores y agentes económicos poderosos que implicaría la transición ecológica hacia un modelo sustentable socio-ecológicamente que, entre otros propósitos, modifique sustancialmente el patrón actual de consumismo y sustituya los combustibles fósiles por energías renovables para proteger y desarrollar la biodiversidad, los ecosistemas prioritarios y la naturaleza en conjunto, y revertir o al menos contener el cambio climático y la crisis ambiental.

Claro está, de cómo se tramite la resolución de esa conflictividad y se logre avanzar desde ciertos países decisivos del Norte global en cierta dirección, resultará determinante que el cambio de patrón de crecimiento económico a nivel mundial se mueva hacia una sustentabilidad socio-ecológica y ambiental en una perspectiva perdurable.

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