El Amazonas: entre lo común y la economía verde

Linea Formación, Género y luchas populares

Por: Alertas sobre economía Verde

La economía verde, con la lógica de separación, privatización y mercantilización de la natura­leza –manifestando al mismo tiempo como objetivo central la reducción de la deforesta­ción–, presenta una paradoja en la que, al distorsionar las relaciones comunitarias en la Amazonía, incide en la adop­ción de una mirada individua­lista, utilitarista y de ganancia y genera la irracionalidad y la destrucción de lo que supues­tamente busca proteger según las relaciones de oferta y de­manda capitalista.

 

amazonas informe 

Introducción

En números anteriores de la Colección de Alertas sobre eco­nomía verde hemos evidencia­do vínculos entre la economía verde y el modelo extractivo que se expresan en la reali­dad territorial y que parten de postulados que a primera vis­ta parecerían diferir, pero que coinciden en su comprensión de la naturaleza y de los pue­blos, lo cual resulta evidente en el caso amazónico.

En este último número nuestra pre­tensión es aproximarnos a su implementación en la Amazo­nía colombiana, fundamental­mente, a partir de una lectura de los flujos de cooperación internacional y su relación con las promesas de la economía verde: bienestar social, creci­miento económico y conserva­ción ecológica.

La Amazonía es el bosque hú­medo tropical más grande del planeta: ocupa 6 millones de km2 del área centrooriental de América del Sur y represen­ta entre el 25 y el 40 % de su territorio (Cáceres, Borja y Oli­veira, 2015; Otca, s.f.), abarcan­do porciones de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guayanas (Francesa e Inglesa), Perú, Su­rinam y Venezuela.

Además, la Amazonía es cono­cida por ser una región biodi­versa. Se presume que cuenta con una tercera parte de todas las especies terrestres, con­centra 20 % del agua dulce no congelada del mundo y posee la cuenca hidrográfica más grande del mundo con el río Amazonas como eje (Cepal, 2013). Aparte de su gran ri­queza ecológica, este territorio ha estado poblado por 11.000 años (Semana Sostenible, 2019) y en la actualidad es el hogar de 34 millones de personas diversas, que incluyen 400 pueblos ancestrales, cada uno con su lengua, cultura y terri­torio (Survival International, s.f.; Otca, s.f.).

Los imaginarios en torno a esta región la asociaron de forma temprana a la barbarie y a la necesidad de explotar­la a ultranza. La percepción de la Amazonía como reserva de agua, biodiversidad u oxí­geno no es ajena a su consi­deración como fuente inago­table de recursos: energéticos, forestales, hídricos, minerales etc. Dicha idea se expresa hoy en una geografía económica y social particular, vinculada a la “expansión de las fronteras del mercado y los avances de los frentes de colonización y de la deforestación”, que generan impactos ecológicos y cultu­rales cada vez más amplios y profundos en todo este territo­rio (Claes, 2015).

La representación simbólica de gran parte de las institu­ciones internacionales corres­ponde a la del mito de El Dora­do, en la época de la conquista de América, es decir que se ve la Amazonía como un espacio geográfico vacío de relaciones, con grandes recursos acumula­bles, presto al despojo y explo­tación. Esta concepción parte de un colonialismo verde que pretende invisibilizar relacio­nes socionaturales y subordi­narlas a las leyes del mercado en el sistema socioeconómico imperante (Vega, 2019).

Las configuraciones sociopolí­ticas han suscitado una disputa de territorialidades que ha re­sultado evidente con el avance del extractivismo en la región y las resistencias de pueblos y comunidades indígenas, mes­tizas y afro frente a proyectos de esta índole. Para el año 2018, Walter Porto Gonçalves ubicaba 71 empresas petrole­ras operando en el territorio y 1 millón de km2 en explo­ración para la extracción de crudo (el tamaño de Bolivia es cercano a esa cifra) y señalaba la proyección de construir 246 hidroeléctricas y la existencia de 1,6 millones km2 en explo­tación minera (legal) (2018). Esta arremetida extractivista, desprendida de la inserción de la Amazonía en los mercados nacionales de cada país y de la macrorregión en el mercado globalizado, ha suscitado cada vez más conflictos ambienta­les, donde los pueblos ama­zónicos defienden sus medios y modos de vida relacionados con su entorno natural.

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