Izquierda ampliada vs. izquierda pura, en Colombia.

Observatorio K.

Por: Víctor Manuel Vargas Silva |Eltiempo.com

¿Quo vadis, izquierda?. Polo Democrático, Unión Patriótica, Progresistas, Marcha Patriótica… La izquierda colombiana llega a este año electoral con una división considerable entre sus fuerzas. Y aunque algunos no estén del todo de acuerdo con la anterior premisa, no puede discutirse que el hecho de que este sector político no esté unido disminuye sus posibilidades de tener una voz de más peso en un momento trascendental para el país, pues, si las negociaciones de paz con las Farc llegan a buen puerto, su capacidad de incidir en la consolidación de esa paz y en la construcción de la Colombia del posconflicto sin duda se verá afectada.

 

Hay quienes quieren dominar a los otros y eso lo único que genera es sectarismo y exclusión.Foto: EL TIEMPO

Pero, ¿qué divide a la izquierda colombiana hoy? Clara López, candidata presidencial del Polo Democrático, responde: “Hay una historia corta y una historia larga. En la larga hay una tendencia en los distintos sectores a luchar entre sí por tesis de carácter político e ideológico, por un purismo que ha sido su fortaleza, pero también su debilidad. Y en la corta, hay heridas por confrontaciones de carácter personal y político, que en la coyuntura a veces cobran más importancia para las personas que los objetivos políticos que compartimos y que nos identifican ante el país”.

Consultado sobre si en esa división pesan más los personalismos, las cuotas burocráticas o las diferencias ideológicas, Carlos Lozano, vocero de Marcha Patriótica y candidato al Senado en la lista de coalición de los ‘verdes’, opina: “Hay un poco de todo eso. Pero lo fundamental es que pesan mucho los sectarismos y los hegemonismos. No nos acostumbramos a ver cada proyecto de izquierda en igualdad de condiciones. Hay quienes quieren dominar a los otros y eso lo único que genera es sectarismo y exclusión. Yo por eso prefiero el concepto de izquierdas, en plural, porque no hay una sola izquierda, no es un concepto homogéneo: hay distintas formas de ver la perspectiva política y de plantear cómo podría ser la construcción de un gobierno alternativo. Y la clave para lograr la unidad está en lograr una fórmula de convergencia sin homogenización, sin aplastar las diferencias”.

Aída Avella, candidata presidencial de la Unión Patriótica, dice que si bien hay “serias diferencias ideológicas frente a la concepción y papel del Estado y frente a las realidades del país, son más las cosas que nos unen que las que nos dividen”. Y añade: “Las posibilidades que nos abre la paz, la posibilidad de reconstruir el país, de construir una paz con justicia social, deberían unirnos nuevamente”. Y Clara López concuerda: “La izquierda debe ir hacia la convergencia, y nosotros tenemos la mente abierta y la mano tendida para buscar los acuerdos necesarios”.

Dos visiones muy distintas

Pero, si todos claman por la unidad, ¿qué es lo que la impide?

Aída Avella culpa al umbral electoral y a la necesidad de obtener unas votaciones en Cámara que permitan que cada uno de los componentes de la izquierda pueda seguir existiendo. Denuncia que pidieron permiso para ir en alianza, pero que el Consejo Nacional Electoral les negó esa posibilidad. En su opinión, “aquí hay una perversidad política para sacarnos del juego político”.

Antonio Navarro, cabeza de la lista al Senado de los ‘verdes’, ve otras razones: “Hay quienes creemos en una organización con diversidad, pero otros son más ortodoxos y creen en la necesidad de una unidad ideológica más fuerte. Los que creemos en la necesidad de la diversidad no pensamos solo en la izquierda, pensamos también en el centro, que es importante, para tener el tamaño, el músculo necesario para poder disputar el poder, que al final de cuentas es el objetivo de la lucha política: poder gobernar la nación. Y para poder gobernar es claro que se necesita más que un solo sector ideológico, que la izquierda necesita al centro. Ahora, dentro de la izquierda hay quienes se contentan con dejar constancia de las diferencias y hacer oposición”.

Alejo Vargas, analista político y un estudioso de la izquierda, coincide con Navarro: “Hay una tensión gruesa entre la izquierda que se mira como una posibilidad de gobierno y la izquierda que solo se mira como oposición. Son dos miradas distintas, porque a esta última no le preocupa mucho proponer, sino estar criticando; mientras que una izquierda que se piense como gobierno tiene que entrar a hacer unas propuestas mucho más amplias, creíbles y ambiciosas, pues tiene que hacer alianzas y convencer a otros sectores de la sociedad si quiere llegar a ser opción de poder”.

Y agrega: “El Polo se fracturó porque varias formaciones trasladaron sus estructuras políticas y sus dogmas al interior de este movimiento de unidad haciendo muy complicada la idea fundacional, que era la de un frente amplio, pluralista, sin excluir a nadie. Y ahí pasamos a una situación bastante dogmática. Y esto tiene consecuencias prácticas: para el Moir, por ejemplo, los TLC no son un tema negociable, mientras que otros grupos están dispuestos a discutirlo, a mirar opciones. ¿Y cómo se resuelve esto? ¿Cómo se convoca a otras fuerzas políticas en este contexto de principios ideológicos más bien recalcitrantes que dificultan cualquier negociación?”.

El reto de la unidad no es menor, pero los distintos sectores consultados por EL TIEMPO coinciden en que no se trata de algo imposible. ¿Dónde está la clave?

Carlos Lozano anota: “Hay etapas en la historia colombiana donde se han encontrado fórmulas interesantes. El Polo, por ejemplo, fue un proyecto que logró juntar a toda la izquierda en medio de la diversidad. Posteriormente se desdibujó y cayó en el sectarismo. Pero se probó que la unidad es posible. En todos los países de América Latina donde gobierna la izquierda es porque encontraron puntos de convergencia, a partir de unos propósitos y principios comunes fundamentales, que en el caso de Colombia pasan por el apoyo a la salida política del conflicto, la defensa de lo social, de lo público, de la soberanía nacional, del desarrollo del modelo económico con mayor justicia social, etc. Lo que se requiere es tener esa voluntad política y poner por encima del interés particular el interés de la sociedad”.

Para Aída Avella, que confiesa su “tristeza” por lo que pasó con el Polo, se trata de “aceptar nuestras diferencias pero poner el énfasis en unirnos en los puntos en común que tenemos frente a los grandes temas del país, en nuestras coincidencias, que no son pocas”. Y como prueba de que eso es posible señala la lista al Senado que encabeza Navarro, donde hay gente de la UP, de Marcha Patriótica y de otros sectores. Navarro, por su parte, llama a “concentrarse en encontrar unas bases de trabajo y confianza mutuas”, con el estímulo de que “si logramos mucha más unidad, tendremos un mayor peso en la definición del futuro del país”.

Clara López cree que, pasadas las parlamentarias, a la izquierda le será más fácil lograr un acuerdo para ir unida a las presidenciales y así poder pelear un paso a una segunda vuelta. Pero Aída Avella pide que ese trabajo conjunto se haga desde ya, pues la base parlamentaria que logre la izquierda será crucial. El problema es que falta ya muy poco para las elecciones del 9 de marzo. Ella misma lo admite.

En las visiones de futuro nuevamente hay visiones más o menos encontradas. Alejo Vargas piensa que “un proyecto de izquierda solo tendrá futuro si tiene una mirada muy amplia”. Y agrega: “Si priman las organizaciones más bien ‘principistas’ no habrá ningún futuro. Seguirá siendo la eterna izquierda contestataria, pero sin opción de ser gobierno”.

Carlos Lozano piensa parecido: “Si no se encuentra el camino de la unidad, la izquierda no tiene futuro. Y para esa unidad hay que buscar también a esos sectores democráticos no necesariamente de izquierda, pero que quieren una paz con democracia y justicia social y que comparten la defensa del interés público frente a esa política neoliberal que se apoderó del establecimiento colombiano”.

Para Clara López, el futuro está no solo en la unidad, sino en la capacidad de convertir la creciente movilización social en Colombia en una fuerza que se exprese en las urnas. “En ese momento vamos a conquistar opciones importantes de poder”, dice. Mientras que Aída Avella cree que la apuesta debe estar en “democratizar el Estado y la vida nacional y en la lucha contra la corrupción”, amparados en que “si hay algo por lo que la gente nos reconoce es por el hecho de que no hacemos política con plata, sino con propuestas y convicciones”.

Y falta la otra gran izquierda

El analista Alejo Vargas aprovecha para recordar que hay otra gran izquierda que no participa en las elecciones, pero que tiene una fuerza considerable en los movimientos sindical, campesino, indígena y social, y que parte del reto de la izquierda electoral, como él la llama, pasa por sumar a esa otra izquierda. Y aquí lanza una hipótesis que de alguna forma se conecta un poco con la visión de Clara López: “Un proceso exitoso con las Farc –y ojalá también con el Eln, como se espera que ocurra– podría estimular un proceso de convergencia de muchos sectores de izquierda que hasta ahora se han marginado de la política y esta inyección de fuerzas podría generar una suerte de izquierda ampliada y con una fuerza mucho mayor para las jornadas electorales en el futuro”.

Alejo Vargas piensa, y esto es importante aclararlo, en modelos ‘amplios’ más cercanos al PSOE español en la transición, al de Lula en Brasil, al del Frente Amplio de Uruguay o al de la Concertación en Chile. “Porque –aclara– cuando se gira hacia propuestas absolutistas y hegemónicas, eso ya, ciertamente, resulta muy difícil de defender, como ocurre hoy con Venezuela”.

Navarro vuelve al momento actual para sentenciar: “Yo tengo la esperanza de que los resultados electorales de marzo mostrarán el camino que debe seguir la izquierda entre las dos concepciones que tenemos hoy: una más ideologizada y purista y otra que propugna un frente más amplio. Las dos están en juego y los ciudadanos decidirán en las urnas. Ojalá que a la luz de estos resultados podamos encontrar la forma de hacer muchas más cosas juntos”.

VÍCTOR MANUEL VARGAS SILVA

Editor de Domingo

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