Julián Darío Conrado David. Un ejemplo de dignidad. Asesinado en Octubre de 1983.

Observatorio K.

Por: Carlos Olaya.

Graduado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena se dirigió a la ciudad de Medellín a realizar el internado en el Hospital San Vicente de Paul. Un año después, a solicitud del director de este hospital se fue hacia el municipio de San Carlos, Antioquia, a realizar el año rural. Durante su estadía allí se integró a los círculos que impulsaban el movimiento cívico; agrupación de ciudadanos que reclamaban por la afectación con la construcción de las hidroeléctricas. 

 

Este movimiento estaba articulado a la Coordinadora Regional de movimientos Pro-Defensa de los Usuarios de la Energía.   

Julián Conrado, además, era compositor y cantante de música vallenata; de ahí su participación destacada en el Festival de la Canción, efectuado anualmente en San Carlos. También impulsó el deporte, liderando la organización de carreras de ciclismo y campeonatos de fútbol y baloncesto.

Concluido el tiempo de servicio en el hospital local instaló su propio consultorio. Desde allí atendía con esmero a los campesinos y, en general, a los menos favorecidos. Por su carisma, su liderazgo social y su desempeño como médico se hizo merecedor de un alto aprecio de los habitantes, tanto de San Carlos, como de la región oriental del departamento de Antioquia.

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La animadversión de algunos integrantes del concejo y funcionarios de la administración municipal y miembros de la gobernación de Antioquia, contra la Junta Cívica, desencadenada por el reconocimiento social que este grupo había tomado, sumado a las criticas que se generalizaron por la corrupción rampante en la disposición del presupuesto municipal, desembocó en la criminalización de la protesta social y en el vil asesinato del médico Julián Conrado.

El crimen fue promovido por aquellos individuos aferrados al poder, acostumbrados a obtener prebendas con el manejo de los recursos públicos, incapaces de modificar sus costumbres clientelistas que permitieran desarrollar propuestas que dieran respuesta a los requerimientos de la comunidad. Esto los llevó a que se confabularan con los grupos paramilitares que se formaron en el Magdalena Medio, área limítrofe a San Carlos. A través de estos se asoló la región durante los años ochenta, fenómeno que se extendió por todo el país durante las décadas subsiguientes.

Los grupos paramilitares se consolidaron con el apoyo de altas esferas del Estado, que colocaron en su mira todo aquel que se atrevía a cuestionar los malos manejos político-administrativos, bajo el estigma de que hacían parte de los grupos subversivos. La conjugación de esa alianza siniestra llevó al asesinato de Julián Conrado y del conjunto de  miembros del movimiento cívico de San Carlos y el oriente de Antioquia.

Julián Conrado fue asesinado al mediodía del domingo 23 de octubre de 1983. La comunidad rápidamente se dio cuenta de que la autoría intelectual del homicidio provenía del grupo de ultraderecha que controlaba la alcaldía, y que el inspector de policía fue el organizador del acto criminal; en tanto que la policía se ocultó mientras se perpetraba el crimen. A pesar de todas esas evidencias, este hecho aún se mantiene en total impunidad.

La tarde de ese aciago domingo la población entera se congregó en torno a la casa donde era velado Julián Conrado. A la media noche la gente desahogó la ira, tras recorrer con el féretro por las calles alrededor del parque central del municipio y después de que varios vehículos partieron hacia Medellín para trasladar el cadáver a la ciudad de Cartagena, donde residía su familia. En el momento en que los vehículos partieron, una multitud se abalanzó en masa contra las instalaciones de la alcaldía y el concejo municipal; rápidamente, grupos de manifestantes encolerizados tumbaron las puertas e ingresaron a las oficinas, destrozando sillas y escritorios, lanzando a la calle, por las ventanas, desde el segundo piso, máquinas de escribir, carpetas y documentos a los que les prendieron fuego. Después, incendiaron los juzgados y quemaron todos los expedientes que se encontraban allí.   

Nunca hizo parte de algún grupo armado. Un paisano suyo, también compositor de música vallenata, tras vincularse al grupo guerrillero de las FARC, asumió su nombre, tal como puede verse en <http://alzadoencanto.wordpress.com/2012/09/14/por-que-me-llamo-julian-conrado-video/>. Allí Guillermo Ernesto Torres Cueter explica las circunstancias que lo llevaron a incorporarse a ese grupo guerrillero y adoptar el nombre del médico cantautor inmolado. 

Reseña biográfica elaborada por Carlos Hernando Olaya R. Historiador, Universidad de Antioquia. Autor del libro: Nunca más contra nadie, ciclos de violencia en la historia de San Carlos, un pueblo devastado por la guerra. Medellín. Cuervo Editores. 2012. 397p. 

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