Coca, destierro y Palma Aceitera.

Linea Territorio y despojo

Por: Cármen Tarazona

Los cultivos de coca y la mediana minería con retroexcavadoras son efímeras economías depredadoras, que sirven de punta de lanza y método planificado por el gran capital, para profundizar la contrarreforma agraria

 

 

 palma aceitera

Los cultivos de coca y la mediana minería con retroexcavadoras son efímeras economías depredadoras, que sirven de punta de lanza y método planificado por el gran capital, para profundizar la contrarreforma agraria, despojando tierras y territorios en las regiones, impulsando el repoblamiento y la recolonización; convirtiendo la tierra en trofeo de guerra para las grandes corporaciones capitalistas, quienes enseguida implantar en ellos sus megaempresas mineras, agroindustriales y de infraestructura.

La coca le sirve al capital legal e ilegal por igual

Los territorios de cultivos de coca no comienzan al azar, con el tiempo resultan ser zonas estratégicas, con suficiente anterioridad designadas por los gobiernos, como polos de desarrollo económico, allí una vez los bosques han sido derribados por el campesino, entran los mafiosos a lucrarse del negocio, cuando hay condiciones para iniciar proyectos a gran escala, las operaciones militares y paramilitares a sangre y fuego imponen el vaciamiento del territorio.

Las comunidades Afro, indígenas y campesinas de la costa del Pacífico desde Chocó hasta Nariño, son objeto de presión de las mafias para am- pliar y mantener los cultivos de coca y también del Estado para erradicar tales cultivos a la fuerza. Ni lo uno ni lo otro es solución, pues ampliar la frontera agrícola con cultivos de coca, implica abrir más terreno para ser despojado, además la erradicación forzosa sin un plan de sustitución de cultivos, implica que las comunidades no tienen cómo sostenerse, por ello lo que está al orden del día en la agenda de las comunidades es exigir que el Gobierno Nacional retome los programas de sustitución pendientes.

¿Por qué es amargo el aceite de palma?

Existen 500.000 hectáreas sembradas de palma en 150 municipios. Colom- bia lleva 55 años estableciendo el monocultivo de palma, a partir del 2011 se incrementó la producción y el proceso industrial para producir combustible, en 2017 la palma pasó a ser el segundo producto agrícola, después del café. Colombia exporta estos aceites refinados y sin refinar principal- mente a Europa [1].

En Colombia la agroindustria y sobre todo la de palma se basa en el des- plazamiento y el despojo para acumular la tierra en manos del capital nacional y extranjero, usando la fuerza estatal legal e ilegal, así como pro- cedimientos jurídicos fraudulentos para aparentar “legalidad”.

Un círculo vicioso letal

  1. Las comunidades desplazadas llegan a tierras baldías, derriban sus bosques y siembran la coca, por ser el único cultivo rentable en territorios apartados.
  2. La Guerra contra las drogas impuesta por Estados Unidos ejecuta la erradicación forzada de los cultivos de coca, usando fumigación con Glifosato.
  3. Las comunidades que resisten la erradicación del Gobierno, son masacradas y desterradas con fuerzas paraestatales.
  4. Una vez es despejado violentamente el territorio, este es concesionado para el agronegocio, sobretodo de palma aceitera.
  5. Las comunidades desplazadas deben ir a colonizar nuevos terrenos baldías.

El Pacífico chocoano y el Urabá son un botín de guerra

Este círculo de violencia lleva repitiéndose más de 30 años en la costa Pacífica y en la región Caribe, existe relación directa entre el desplazamiento forzado, el abandono de las propiedades por amenazas, el desalojo y el cultivo de palma aceitera. El caso emblemático lo encontramos en el Departamento de El Chocó, donde la alianza criminal entre empresarios, instituciones del Estado y paramilitares está documentada [2].

El Chocó es símbolo de lucha por el territorio y del reconocimiento de la población ancestral; quienes soportaron la ofensiva de agro industriales bananeros en los años 90 y después la arremetida de la coca hace 18 años, del contubernio de las llamadas Autodefensas Unidas de Colombaia (AUC) y agro empresarios, preludio de las grandes plantaciones de palma aceitera; fue la época de la mayor crisis humanitaria para la población afro e indígena, en las cuencas de los ríos Curbaradó, Jiguamiandó, Salaquí, Cacarica y Truandó.

En los Juzgados y Notarías de Medellín quedó demostrada la alianza de los empresarios con fuerzas militares y paramilitares, y el apoyo institucional para legalizar el despojo de más de 100.000 hectáreas, durante la guerra desatada desde 1.997 en el Bajo Atrato chocoano. Fue la época de la Operación Génesis de la XVII Brigada del Ejército en simultáneo con la Operación Cacarica del Clan paramilitar de los Castaño Gil.

Bajo esas operaciones y con la complicidad de las Notarias de Antioquia y Córdoba, se conformaron las empresas Inversiones Agropalma, Palmas S.A., Asoprobeba, Urapalma S.A; Palmas de Curvaradó S.A; Palmura S.A; Palmas de Bajirá S.A; Inversiones Agropalma y Cía. Ltda. y Palmadó Ltda. Que además recibieron apoyo financiero del poderoso gremio de los ex- portadores de banano UNIBAN, además de recibir subsidios hasta del 70 por ciento por parte del Instituto de Reforma Agraria (INCORA).

La Gobernación de Antioquia patrocinó el programa de contrarreforma agraria por la vía paramilitar en El Chocó; en el año 2001, en la administra- ción de Guillermo Gaviria Correa y después entre 2004 y 2007 siendo Go- bernador su hermano Aníbal, incluyeron este rubro en el Plan de Desarrollo denominado “Antioquia Nueva, un hogar para la vida” [3].

La resistencia continúa

Las poblaciones afectadas del Bajo Atrato, emprendieron un largo cami- no jurídico para recuperar nuevamente su derecho a la posesión de sus territorios ancestrales, saliendo victoriosos de ese proceso.

Hoy 20 años después, las mismas comunidades, son otra vez objeto del des- pojo con el mismo método de usurpación, operaciones a profundidad de la Fuerzas Armadas y los paramilitares, quienes fuerzan el desplazamiento de las comunidades, otra vez en las cuencas del Jiguamiandó, Curbara- dó, el Atrato, y en el Darién.

¿Acaso no son los mismos territorios que empresarios y paramilitares han querido despojar a sangre y fuego para sus mega proyectos? [4]

Referencias.

[1]          www.dinero.com/edicion-impresa/negocios/articulo/metas-de-la-agroindustria-de-la-palma-colombiana- en-2018/254802

[2]          pacifista.tv/notas/cual-es-la-relacion-entre-la-palma-aceitera-y-el-despojo-de-tierras/

[3]          verdadabierta.com/la-palma-y-los-paramilitares-en-choco/

[4]          http://www.biodiversidadla.org/Recomendamos/Palma-de-aceite-el-monocultivo-que-puso-en-jaque-la-biodiversidad-del-Pacifico-colombiano 

 

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