Brasil – Como un terrón de azúcar bajo la lluvia

Linea Territorio y despojo

Por: Silvia Beatriz Adoue 

¿Cómo compatibilizar intereses tan contradictorios como el reclamo de las demarcaciones de tierras indígenas con la codicia despertada por las demandas de commodities minerales y agrícolas, por ejemplo? La retórica trataba de rellenar esos abismos con palabras como “democracia”, “desarrollo” y “sustentabilidad”

 

 

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Las expectativas despertadas dentro y fuera de Brasil durante la asunción del gobierno, el 1º de enero no parecían fáciles de satisfacer. La imagen de la subida de la rampa del Palacio del Planalto por un conjunto de representantes de los sectores siempre humillados y ofendidos que entregaron al presidente la banda presidencial valía como símbolo de una promesa de que los últimos serían los primeros. La foto que recorrió el mundo, sin embargo, escamoteaba la composición de la alianza política que había ganado las elecciones, que va de la izquierda institucional a gente que hasta unos meses antes había apoyado a Jaír Messias Bolsonaro. Tampoco reflejaba la proporción de las fuerzas presentes en el congreso.

En el discurso de pose de la presidencia, Luiz Ignácio Lula da Silva no mencionó a las fuerzas armadas y hubo un gesto desaprensivo en el tratamiento de las tropas protocolarmente presentes.

En el nombramiento del variopinto gabinete ministerial, la primera a ser llamada fue Sonia Guajajara, para inaugurar el ministerio de los Pueblos Indígenas.

¿Cómo compatibilizar intereses tan contradictorios como el reclamo de las demarcaciones de tierras indígenas con la codicia despertada por las demandas de commodities minerales y agrícolas, por ejemplo? La retórica trataba de rellenar esos abismos con palabras como “democracia”, “desarrollo” y “sustentabilidad”1. Sólo demoró una semana para que las fuerzas armadas, ignoradas el 1º de enero, reclamasen su parte por la acción vicaria de los invasores de la Plaza de los Tres Poderes, cuidadosamente convocados y acogidos para esa megademostración que operaba como amenaza velada de los militares para no perder el terreno conquistado durante el mandato del presidente anterior, Jaír Messias Bolsonaro2. Las negociaciones tuvieron lugar a puertas cerradas y que no pretendían resguardar a los actores del megaespectáculo del 8 de enero, centenas de los cuales ya están respondiendo a procesos judiciales. Y ya se formó una Comisión Parlamentaria de Investigación que amenaza descubrir los incitadores desde las instituciones.

Pero todas las contradicciones represadas desde enero parecen haberse desatado en avalancha en la última semana, a poco más de cinco meses de la

instalación del nuevo gobierno. El núcleo de Lula sabía muy bien que debería encararlas tarde o temprano. Trató de adelantarse a negociar en algunos frentes y ganar tiempo con otros. Pero la derecha es más hábil en esas escaramuzas institucionales y, en los últimos tiempos, en las “guerrillas” que se arman en la capilaridad de las calles y las redes de confianza, virtuales o no. Al núcleo de Lula le falta audacia y no hace cálculos más allá de las relaciones de fuerzas dentro del estrecho margen de las instituciones.

El ministro de Hacienda, Fernando Haddad, preparó cuidadosamente un “arcabouço fiscal” para sustituir el ajuste realizado en 2016 por el presidente Michel Temer y conocido como “techo de gastos”. En las negociaciones para su aprobación, si bien consiguió cierta flexibilidad, la propuesta del gobierno tuvo que abrir mano de puntos como el de limitar el fondo para la educación, que el ajuste de Temer no contemplaba. Haddad tampoco consiguió compromisos que le permitieran reducir las tasas de interés, bajo control del Banco Central1.

La propuesta de explotar petróleo frente a la desembocadura del río Amazonas y celebrada por Lula recibió un laudo científico-técnico negativo del Instituto Brasileño del Medio Ambiente, vinculado al ministerio del Medio Ambiente. Y el ministro de las Minas y Energía descalificó públicamente a la ministra ambientalista Marina Silva en un claro conflicto interministerial. Al mismo tiempo, un conjunto de medidas que prorrogan las explotaciones que amenazan la mata atlántica fueron refrendadas.

Un proyecto de ley, presentado por un diputado de la base aliada desarmó la estructura administrativa propuesta por el gobierno antes de la asunción, vaciando de funciones al ministerio del Medio Ambiente y al de los Pueblos Indígenas. El gobierno corrió a hacer acuerdos para que esos cambios pareciesen resultado de negociaciones, para no aumentar su desmoralización apareciendo como derrotado. Ahora, la demarcación de tierras indígenas sale de la jurisdicción del ministerio de Sonia Guajajara, reivindicación de la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil-APIB (la mayor articulación indígena del país) y vuelve a las manos del ministerio de Justicia. Gran parte de las decisiones y laudos técnicos que estaban bajo control del ministerio del Medio Ambiente pasan al ministerio de Gestión y al ministerio de Agricultura, hoy en las manos de representantes del agronegocio1.

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El ministro de Agricultura se pronunció públicamente, el último lunes, a favor del “marco temporal” para la demarcación de tierras indígenas, contra el cual la APIB viene luchando hace más de una década2. El “marco temporal” establece 1988, año de la firma de la constitución vigente, como el momento en que debe comprobarse la residencia tradicional de la comunidad en el territorio reivindicado. El miércoles, tarde a la noche, fue pautada la votación del “marco temporal” en carácter de urgencia en el congreso. Algo que la lucha de los pueblos consiguió aplazar una y otra vez durante años.

A todos estos reveses del progresismo en el campo de la lucha institucional, su única instancia de actuación, se suma la instalación de una Comisión Parlamentaria de Investigación contra el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra, acusados de invasión ilegal de propiedades1. Siendo que las ocupaciones de tierras se han reducido desde hace más de una década, priorizando la lucha por políticas públicas de apoyo a los asentamientos ya existentes o a la homologación de procesos de una reforma agraria que, aun figurando en la constitución nacional, se ha congelado.

Las iniciativas osadas de la derecha parlamentaria precipitan acontecimientos que el progresismo esperaba esquivar o aplazar con negociaciones. Y son tratadas como fenómenos tan inevitables como la lluvia.

Lula se niega a reconocer estos reveses como derrotas, argumentando que siempre hay lugar para la política, que él confunde con negociación en el campo del juego institucional. En los corredores, el núcleo más próximo al presidente admite que para defender el orden democrático, mantener las alianzas realizadas y en minoría parlamentaria, habrá que abrir mano de muchos de los puntos programáticos que le garantizaron el triunfo electoral. Para ese núcleo, es preciso defender lo que él entiende como esencial: el proyecto de desarrollo2. ¿A qué se refiere el gobierno cuando habla de

desarrollo? Ciertamente, no se trata del proyecto industrializador, con la consecuente recuperación del asalariamiento, perdido en otro momento histórico. Se trata de una tecnología que permita algún valor agregado a la producción de commodities. (Recordemos que, a diferencia de Bolivia y Argentina, Brasil exporta soja en grano y no en harina, sólo para dar un ejemplo.) Desarrollo es lo que el gobierno de Dilma Rousseff llamaba a la infraestructura energética y de conectividad para la extracción y flujo exportador de productos primarios. Y, por último, hay una expectativa de transferencia de tecnología china, ya que el gigante oriental está interesado en externalizar segmentos de sus cadenas menos rentables o que presentan mayores riesgos ambientales o sociales. Esos segmentos, claro, sólo funcionarían integrados a sus cadenas.

Frente a esa rendición del progresismo a la disolución de las esperanzas más anheladas, los movimientos que apostaron todas sus fichas a la salida electoral se quedan en un compás de espera, ahora sin promesa. Hay algo de neurosis en esa insistencia, sobre todo en países como Brasil, donde se está tropezando nuevamente en la misma piedra. Sabemos que el Estado brasileño tiene dispositivos de seguridad que saltan a la mínima amenaza no sólo al orden de capitalismo dependiente, sino a la aceleración del despojo, que es la piedra de toque del actual modelo de acumulación. Sin embargo, se apuesta en “ocupar los espacios de ese Estado”, mostrándose buenos administradores de esa gobernanza que garante el crecimiento logarítmico de los lucros para las cadenas transnacionales y sus fondos de inversión.

Las ilusiones se deshacen como un terrón de azúcar bajo la lluvia.

1 Ver: https://g1.globo.com/politica/ao-vivo/cpi-do-mst-ao-vivo.ghtml

2 Ver: https://www1.folha.uol.com.br/colunas/monicabergamo/2023/05/lula-comanda-governo-sob-cerco-e-deve-abrir-mao-de-aneis-para-manter-os-dedos-avaliam-integrantes-do-ministerio.shtml

1 Ver: https://g1.globo.com/politica/noticia/2023/05/24/comissao-aprova-mp-que-reestrutura-ministerios-demarcacao-de-terras-sai-dos-povos-indigenas-e-vai-para-o-ministerio-da-justica.ghtml

2 Ver: https://cultura.uol.com.br/noticias/58924_rodaviva.html

1 Ver: https://agenciabrasil.ebc.com.br/politica/noticia/2023-05/haddad-diz-que-novo-arcabouco-fiscal-vai-despolarizar-o-pais y https://www.infomoney.com.br/economia/banco-central-mantem-selic-inalterada-pela-5a-vez-seguida-em-1375-ao-ano/

1 Ver: https://contrahegemoniaweb.com.ar/2023/01/04/asume-lula-en-medio-de-grandes-expectativas-se-podran-satisfacer/

2 Ver: https://contrahegemoniaweb.com.ar/2023/01/13/brasil-mensaje-mafioso-o-una-mano-de-truco/

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