Ciudades, capitalismo y COVID19

Observatorio K.

Por: Alfonso Insuasty Rodríguez*

COVID19 puso freno a imparables centros de desarrollo del capital, las ciudades y nos evidenció un sistema de producción-consumo, donde estamos inmersos, que debilita la vida, la salud, la alimentación, el medio ambiente, generando sociedades y cuerpos fragilizados, pauperizadas, uno capaz de dejar morir a la mayoría de sus iguales. Es éste, un sistema mundo de muerte, del cual hemos de emanciparnos, haciendo nacer y conectar alternativas reales.

 

 

covid ciudades salud

La emergencia derivada de la Pandemia COVID19, tocó esencialmente los centros de desarrollo del capitalismo, Las ciudades y las megaciudades donde habitan millones de seres humanos. De hecho, se inicia en la ciudad de Wuhan, una megaciudad de más de más de 11 millones de habitantes, conocida como uno de los grandes hornos de China por su gran producción de hierro, material esencial para el crecimiento urbano, un potente centro de transporte, tecnología y que fue en algunos momentos de la historia, la capital de China.

COVID-19, Una infección viral, que rápidamente se dispersó, gracias al gran flujo de personas que se desplazan a diario, tanto a nivel local y sobre todo a nivel global; el transporte aéreo y marítimo, rutas de comercio y de turismo, así viajó rápidamente por todo el mundo contagiando en primera instancia a humanos concentrados en otras ciudades, capitales y/o megaciudades, todas, centros de reproducción del capital.

El norte global se vio más afectado en un primer momento, luego se fue extendiendo a países del sur, donde fue quedando en evidencia el nivel de desigualdad, pobreza, exclusión y marginación. Así mismo, se evidenció sin duda, un aparato llamado Estado capturados por élites, corporaciones transnacionales y locales que no atendieron a la altura las medidas necesarias para cuidar la vida, por el contrario, tomaron decisiones para proteger el capital y su flujo, así como la concentración del mismo en el sector financiero y las élites atizaron controles y demás mecanismos que de seguro extenderán como medidas de domesticación ciudadana en lo venidero.

Intentar comprender lo que nos está pasando, más allá de la manifestación epidémica de esta delicada alarma global, es un asunto de primer orden, a la hora de tomar postura, y por ende prepararnos, apalancar decisiones y proyectar acciones.

Sin duda, muchas acciones tendrán que rediseñarse, hemos de repensar el Estado, las libertades, nuestros valores, la forma como nos relacionamos con otros seres humanos y sobre todo con el planeta; rehacer agendas, planes, proyectos; especialmente rediseñar esos procesos de emancipación, de luchas, de resistencia, moviendo dinámicas y lógicas.

Hemos de afanar la articulación social con sentido, desde abajo, para hacer nacer nuevas sociedades, más justas, equitativas y eco-comunitarias.

Este tipo de crisis ya se advertían, pero el criterio de acción fue la ganancia, el mercado.

Chomsky, en una entrevista concedida a Verónica Nicoli (2020), resume su reflexión en torno a éste momento de crisis derivado de la pandemia,

“Esta crisis es el enésimo ejemplo del fracaso del mercado, al igual que lo es la amenaza de una catástrofe medioambiental. El gobierno y las multinacionales farmacéuticas saben desde hace años que existe una gran probabilidad de que se produzca una grave pandemia, pero como no es bueno para los beneficios prepararse para ello, no se ha hecho nada”” (Nicoli, 2020).

Vale recordar que en 1918 el mundo vivió los efectos de la gripe española que dejó 50 millones de muertes a su paso, el mundo había comprendido que la humanidad repetiría sin duda esta situación, lo que no se sabría era cuando. El mensaje era claro, debemos estar preparados. En el año 2003 el mundo vivió el síndrome respiratorio agudo grave (SARS), más de 8 mil contagiados y 774 muertes (CDC, 2004), y en el 2009, el virus de la gripe A (H1N1) causó 18.034 muertes.

En los últimos 10 años, la OMS venía advirtiendo sobre la incapacidad que tiene el mundo de resistir una pandemia agresiva. Aun así, nada esencial se venía haciendo, coherente con el grado de necesidad y gravedad.

“El Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la Organización, ha señalado: «La amenaza de una pandemia de gripe sigue presente. El riesgo de que un nuevo virus de la gripe se propague de los animales a los seres humanos y cause una pandemia es constante y real. La cuestión no es saber si habrá una nueva pandemia de gripe, sino cuándo ocurrirá. Debemos mantener la vigilancia y prepararnos, porque el costo de una gran epidemia será muy superior al de la prevención»” (OMS, 2019).

Advertía la OMS (2019) además, que la gripe seguía siendo una gran amenaza para la salud pública mundial, en tanto cada registro, cerca de mil millones de casos, de los cuales 3 y 5 millones son graves y entre 290 mil y 650 mil personas fallecen por causas respiratorias relacionadas.

De igual manera, uno de los empresarios más influyentes en el mundo, Bil Gates, en una conferencia en el año 2015 argumentaba: "No estamos listos para una pandemia (…) Si algo ha de matar a más de 10 millones de personas en las próximas décadas, probablemente será un virus muy infeccioso más que una guerra. No misiles, sino microbios" (Semana, 2020).

Parece, el sistema privilegió el silencio, tal vez no quiso aprender o reaccionar a la altura de las alertas globales prendidas, por el contrario, los Estados privilegiaron el negocio corporativo tras la salud, la vida y el medio ambiente.

Esta lógica corporativa, se hizo estructuralmente evidente, nada más ver estos otros fenómenos preocupantes, que no fueron atendidos a la medida de su importancia:

La obesidad, según la OMS “ha alcanzado proporciones epidémicas a nivel mundial, y cada año mueren, como mínimo, 2,8 millones de personas a causa de la obesidad o sobrepeso” (OMS, 2017).

La desnutrición, el hambre global, una cruel realidad que afecta sobre todo a los países del sur y zonas rurales, aunque poco a poco viene también reportándose aumento en el norte global y en zonas urbanas. “8.500 niños mueren cada día de desnutrición y según las estimaciones de Unicef, el Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la División de Población de Naciones Unidas, se calcula que 6,3 millones de niños menores de 15 años murieron en 2017 por causas, en su mayoría, prevenibles. Esto supone la muerte de un niño cada 5 segundos” (ACNUR, 2019).

La malaria, “En 2018, se estimaron 405.000 muertes por malaria en todo el mundo, comparado con 416 000 muertes estimadas en 2017 y 585 000 en 2010. Los niños menores de 5 años son el grupo más vulnerable afectado por la malaria. En 2018, este grupo represento el 67% (272 000) de todas las muertes por malaria en todo el mundo”

Así lo reafirma incluso, el reporte de los 10 desafíos aún vigentes, que emitió la OMS para el 2019

Desafío

Descripción

Contaminación del aire y cambio climático

Mata a 7 millones de personas de forma prematura cada año, por enfermedades como el cáncer, los accidentes cerebrovasculares, las enfermedades cardíacas y pulmonares. Nueve de cada diez personas respiran aire contaminado todos los días. En 2019, la OMS considera que la contaminación del aire es el mayor riesgo ambiental para la salud.

Enfermedades no transmisibles

La diabetes, el cáncer y las enfermedades cardíacas, son responsables de más del 70% de todas las muertes anuales en todo el mundo, es decir, de 41 millones de personas. El aumento de estas enfermedades se debe a cinco factores de riesgo principales: el tabaquismo, la inactividad física, el consumo nocivo de alcohol, las dietas poco saludables y la contaminación del aire. Estos factores de riesgo también exacerban los problemas de salud mental, que pueden originarse desde una edad temprana. La mitad de todas las enfermedades mentales comienzan a los 14 años, pero la mayoría de los casos no se detectan ni se tratan.

Pandemia global de influenza

 

El mundo enfrentará otra pandemia de influenza, aunque no se sabe cuándo llegará y qué tan grave será, pronostica la OMS. Las defensas globales serán tan efectivas como el más débil de los eslabones en un sistema de preparación para emergencia y respuesta en cualquier país.

Entornos frágiles y vulnerables

 

Más de 1.600 millones de personas (22% de la población mundial) viven en lugares donde las crisis prolongadas (a través de una combinación de desafíos como la sequía, el hambre, los conflictos y el desplazamiento de la población) y los servicios de salud débiles los dejan sin acceso a la atención básica. Los entornos frágiles existen en casi todas las regiones del mundo.

Resistencia antimicrobiana

 

La resistencia a los antimicrobianos (la capacidad de las bacterias, parásitos, virus y hongos para resistir estos medicamentos) amenaza con devolvernos a épocas en que no podíamos tratar fácilmente infecciones como la neumonía, la tuberculosis, la gonorrea y la salmonelosis. La tuberculosis por ejemplo, enferma a 10 millones de personas y mata a 1,6 millones por año. En 2017, alrededor de 600.000 casos de tuberculosis fueron resistentes a la rifampicina, el fármaco de primera línea más eficaz. La resistencia a los medicamentos está impulsada por el uso excesivo de antibióticos en las personas, pero también en los animales, especialmente en aquellos que se utilizan para la producción de alimentos, así como en el medioambiente.

Ébola y otros patógenos

 

En 2018, la República Democrática del Congo vivió dos brotes distintos de ébola, que se extendieron a ciudades de más de 1 millón de personas. Una de las provincias afectadas también se encuentra en una zona de conflicto activo.

Débil atención primaria de salud

 

La atención primaria de salud puede satisfacer la mayoría de las necesidades de salud de una persona en el transcurso de su vida. Los sistemas de salud con una fuerte atención primaria son necesarios para lograr la cobertura universal. Sin embargo, muchos países no cuentan con instalaciones adecuadas para brindar el primer nivel de atención.

Dudas sobre las vacunas

 

La vacunación es una de las formas más rentables de evitar la enfermedad: actualmente previene de 2 a 3 millones de muertes por año y podrían evitarse otros 1,5 millones si se mejorara la cobertura mundial. El sarampión, por ejemplo, registró un aumento del 30% en los casos a nivel mundial. Las razones de este aumento son complejas, y no todos se deben a las dudas sobre las vacunas. Sin embargo, algunos países que estaban cerca de eliminar la enfermedad han visto un resurgimiento.

Dengue

 

El dengue, una enfermedad transmitida por mosquitos que causa síntomas similares a la gripe, puede ser letal y matar hasta el 20% de las personas con dengue grave, representa desde hace décadas una amenaza creciente. Se estima que el 40% del mundo está en riesgo de contraer dengue y hay alrededor de 390 millones de infecciones al año.

VIH

 

Aun en progreso de tratamiento y prevención, la epidemia continúa. Casi un millón de personas por año mueren de VIH/SIDA. Desde el comienzo de la epidemia, más de 70 millones de personas contrajeron la infección y alrededor de 35 millones de personas murieron. En la actualidad, alrededor de 37 millones viven con VIH en el mundo.

Elaboración propia con datos tomados de: (OMS, 2019).

Aunque son asuntos diferentes, en común tienen que, éstos fenómenos no se han priorizado de manera real en la agenda efectiva de cada país, por el contrario, obedeciendo a lógicas empresariales de mayor acumulación de capital, paulatinamente se han venido debilitando los sistemas de salud global. Esto aún, y el reiterado llamado de la OMS ante la necesidad de aumentar la cobertura en salud (Lo Scalzo, 2019).

Sumaria, S. (2010) ya advertía de los riesgos en América Latina, sobre todo por el nefasto proceso de financiación de la salud. En un estudio publicado en la Revista El Ágora USB, así mismo Marín Soraya Mayda (2011) hizo lo propio en el caso colombiano, la precarización de la salud, hecha mercancía. Son múltiples los estudios que dan cuenta de ello.

Pero no solo sucede en el sector salud, es solo una manifestación de un mal estructural sistémico, muestra de ello, las preocupantes cifras de desigualdad global que dan cuenta de un fenómeno que se profundiza impactando la complejidad política, económica y social; acentuando sociedades fragilizadas, pauperizadas y abandonadas. Queda entonces expuesta la incapacidad de responder ante cualquier crisis y se deja a la deriva la mayoría de la población; es éste un sistema mundo ejemplar de indolencia e inhumanidad (ONU, 2020).

¿Qué es lo que en realidad está fallando entonces?

El sistema social, los valores, las relaciones, la política, todo se adaptó a la lógica de la hiperacumulación-concentración de la riqueza, del capital, ahora pagamos las consecuencias.

Advierte Pablo Goldschmidt, virólogo argentino, especialista en enfermedades infecciosas: por un lado, sobre el abandono en que los países tienen sus sistemas de salud, la carencia de personal idóneo, la baja logística para la atención, salas, camas, materiales, medicina, la ausencia de máquinas, recursos, sistemas que fueron paulatinamente debilitados por decisiones políticas, una realidad que golpea sobre todo a ciudades intermedias, pequeñas y rurales. Por otro lado, sobre la necesidad de contar con estudios serios, que permitan identificar aún y en medio de esta crisis, las causas reales de muerte, como insumo para la toma de decisiones. Por ejemplo dice: En Italia, en Lombardía, es donde más mueren por mesotelioma, cáncer de pulmón derivado de años de la exposición al Asbesto, material que deterioró la salud de muchas personas avanzadas en edad, quienes ahora, con sus pulmones enfermos se hacen aún más frágiles ante cualquier afección respiratoria, factores que es preciso determinar (Martín, 2020).

Por su parte, el médico Suizo Schweizer Arzt, manifiesta en ésta misma línea argumentativa, que es importante advertir, como información esencial para la toma de decisiones, si las personas murieron a causa del virus o con el virus, es decir que ya tenían afecciones crónicas preexistentes o de una combinación de ambos, información que será relevante, para trazar rutas de prevención, “El norte de Italia tiene una de las poblaciones más antiguas y la peor calidad del aire de Europa, lo que ya ha provocado un aumento de las enfermedades respiratorias y de las muertes en el pasado. Esto debe considerarse como un factor de riesgo adicional” (Arzt, 2020).

Es evidente que la emergencia global declarada por la amenaza del COVID19, merece el mayor cuidado y atención, para ello es muy importante tomar distancia del ruido, para identificar las fallas, e ir trazando reales, eficaces y eficientes rutas de acción para lo que viene.

Se trata de una sumatoria de fallas conexas, donde coinciden varios factores, por un lado, el sistema de producción-consumo y sus impactos sobre las políticas en torno a la salud, el acelerado e incontrolado deterioro ambiental, cambio climático, la malísima calidad del aire, las formas de vida y de alimentación, factores que repercuten e impactan en cuerpos debilitados, enfermos, alterados, la pérdida de derechos laborales, aumento del desempleo y la informalidad, las formas de vida colectiva resquebrajadas que privilegian el individualismo; una formación profesional que se ha ido debilitando en calidad; la pobreza, la marginación, la exclusión, la soledad, todo un coctel peligroso.

Agudizar la mirada más allá del miedo.

Es de resaltar que, este es un fenómeno que atacó la matriz de producción del capital, las ciudades, territorios que hoy concentran gran cantidad de seres humanos y que crecen a vasta velocidad; centros de alto consumo de mercancía y de energía, miles, millones de seres humanos que migraron del campo a la ciudad, por diversas razones, buscando refugio, seguridad, mejorar sus niveles de ingreso, un futuro, un relato que tal vez tenga que reacomodarse con ésta crisis.

Al confinar a la población como medida de protección ante el COVID19, el mundo del trabajo, se ve amenazado, afectando por supuesto y sobre todo a los centros urbanos, en tanto ejes de producción y consumo.

A la clase media, se les llevó hacia la conexión, la digitalización, el teletrabajo, así mimo se potenció la bancarización y servicios en línea, acciones directas que potencian los objetivos más preciados de la cuarta revolución industrial. El paso a seguir, postcrisis, podría ser el avanzar hacia la máxima expresión de la pérdida de derechos laborales, la flexibilización laboral y hasta la baja de los salarios. Medidas extremas que, en otro contexto, hubiesen provocado gran resistencia, movilizaciones sociales, grandes revueltas. Ahora, éstas decisiones toman gran velocidad y se justifican bajo la excusa de la crisis derivada de la pandemia. El mejor escenario para la reingeniería del capitalismo.

Con el resto de la población, ocupada informalmente, desempleada, habitantes de calle, migrantes, parece no haber plan. Se evidencia las profundas desigualdades, llevando a este grueso componente poblacional que llega a un 60%, tal vez más, a un irracional “sálvese quien pueda” como valor máximo, gestando las condiciones que, por un lado, acentúa la miseria y por otro, detonan aún más la violencia y la inseguridad.

Así, la mayoría de la población de un día para otro, se vio ante el vacío, el no futuro, la incertidumbre, ese mejor escenario donde el miedo hace su trabajo.

Avistamos ante esta realidad, un colapso social, que se combina perfectamente, con las consecuencias de una profunda crisis económica, de hecho, Kristalina Georgieva directora del Fondo Monetario Internacional (FMI) declaró el 27 de marzo de 2020, que la economía del mundo había ingresado a una recesión, una realidad que ya venía caminando con o sin crisis COVID19, esta declaratoria origina una nueva recomposición y redistribución de la riqueza mundial, en manos de un grupo mucho más reducido y poderoso.

El mundo nos pide un cambio radical urgente, cambio de valores para avanzar hacia una arquitectura social plural y autónoma.

Ante esta compleja realidad, ha sido notoria y clara la ausencia de liderazgos, de actores, tanto de izquierda como de derecha; estamos en medio de una crisis de gobernabilidad paulatina.

Parece la movilización real e incidente de las centrales obreras, sindicatos, organizaciones sociales, campesinas, populares hubiesen entrado también, en cuarentena.

A la ausencia de liderazgos, se suma un vacío de propuestas e iniciativas desde abajo, articuladas, capacidad organizativa y por ende de respuesta, he ahí parece, el reto para las organizaciones sociales, repensarse, reconfigurarse, darse cuenta de los errores al perder autonomía durante éstas décadas.

El sistema de educción también sufre un duro golpe, que es necesario avizorar. ¿Hacia dónde nos dirige o dirigen en ésta crisis? No basta hoy, con hacer bien la tarea, cumplir indicadores, es necesario además ganar capacidad crítico-propositiva, gestar escenarios de emancipación real.

Cuba fue, nuevamente la marca diferenciadora, la disciplina social, la solidaridad, la formación de profesionales capaces y profundamente humanistas, un orden social para asimilar y aprender.

La naturaleza por el contrario se dio un respiro, y el aire logró descontaminarse, muchos ríos se aclararon, muchas especies se dieron paseos urbanos, tal vez, abrazando la antesala de una nueva etapa del planeta, sin humanos o con una caída paulatina en su expansión demográfica forzada.

Nos vemos ante una crisis que nuevamente nos pone de cara a nosotros mismos, comunidades indígenas, afro, campesinos, habitantes de las periferias, darnos cuenta que nos tenemos a nosotros mismos.

Con mayor razón el reto que deja esta crisis, es avanzar hacia tejidos sociales autónomos, hacer nacer una arquitectura social desde abajo, no dependientes del Estado, el objetivo ya no puede ser sólo el de ganar pequeñas prebendas a la institucionalidad, ayudas, apoyos, promesas, tampoco puede girar solo entorno a lo electoral, se hace ahora más evidente la necesidad de fortalecer valores colectivos, construir otras formas de producción, de intercambio, otras lógicas de consumo que nos permitan cuidar el planeta y la vida, pensarnos desde la ética del cuidado, la fraternidad y la comunidad.

Necesitamos una forma organizativa social que recupere el control de la Salud, la Educación, la Economía, la seguridad alimentaria, es hora de profundos cambios que debemos hacer-nacer y no solo exigir.

Ésta crisis, no hay duda, dejó al desnudo esa falla estructural y humana que deviene de un sistema político económico y social impuesto, instituido y hegemónico, el cuál implantó una forma de ser, estar, vivir, interactuar y que hoy es muy claro que, debemos modificar, sobre el entendido que, aún ésta evidencia, éste sistema mundo seguirán buscando la forma de mantenerse y reinventarse a modo de hidra.

*Docente investigador, Unviersidad de San Buenaventura Medellin, integrante de la Red Interuniversitaria por la Paz REDIPAZ, y Editorial-grupo de investigación Kavilando. 

Referencias Bibliográficas.

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Arzt, S. (22 de marzo de 2020). Un médico suizo analiza la información que circula sobre el Covid-19 (actualizado al 31 de marzo, a las 15:20 hora de Chile). Obtenido de Piensachile: http://piensachile.com/2020/03/un-medico-suizo-analiza-la-informacion-que-circula-sobre-el-covid-19/

Lo Scalzo , F. (20 de marzo de 2019). El mundo se enfrenta a una 'pandemia silenciosa' más peligrosa que los virus. Obtenido de RT: https://actualidad.rt.com/actualidad/345251-mundo-enfrenta-pandemia-silenciosa-peligrosa

Marín Galeano, M. (2011). Crisis de la salud en Colombia: ¿un derecho fundamental o un espacio para el mercado?. Revista Kavilando, 3(2), 116-122. Recuperado a partir de https://www.kavilando.org/revista/index.php/kavilando/article/view/139

Martín, H. (28 de marzo de 2020). Para un prestigioso científico argentino, “el coronavirus no merece que el planeta esté en un estado de parate total”. Obtenido de Infobae: https://www.infobae.com/coronavirus/2020/03/28/para-un-prestigioso-cientifico-argentino-el-coronavirus-no-merece-que-el-planeta-este-en-un-estado-de-parate-total/?utm_medium=Echobox&utm_source=Facebook#Echobox=1585403235

Nicoli, V. (20 de marzo de 2020). “Las camas de los hospitales se han suprimido en nombre de la eficiencia”. Obtenido de Contexto y Acción: https://ctxt.es/es/20200302/Politica/31456/noam-chomsky-coronavirus-neoliberalismo-sanidad.htm

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Sumaria, S. (2010). La financiación de la asistencia médica y las pensiones en los países en desarrollo. El Ágora USB, 10(2), 299-317. https://doi.org/10.21500/16578031.372

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