Corremos como ratones en rueda tras una equivoca idea de felicidad.

Observatorio K.

Por: Daniela Barrera Machado*

Tal vez una de las heridas antropológicas más profundas generada por la crisis del Covid-19 consiste en amenazar aquella fantasía de libertad, felicidad e inmunidad sostenida en la contemporaneidad por una parte importante de la humanidad. Lo doloroso es sigue sin cuestionarse el carácter falaz de dicha fantasía.

 

ratones felicidad

Durante las últimas décadas hemos construido una idea, un relato de libertad, felicidad e inmunidad. Una suerte de libertad de hacer lo que queremos sin tener ningún límite para alcanzar nuestra felicidad, sin embargo, desconocemos el carácter incubado de dicha idea o más bien, ese delirio configurado por el sistema neoliberal para generar unas lógicas de auto-explotación sin precedentes.

El neoliberalismo ha conseguido construir un relato lo suficientemente poderoso como para encubrir sus nefastos efectos sociales, económicos, políticos y culturales, generando un invisible y casi absoluto control sobre nuestras vidas; hemos normalizado e incluso moralizado, en últimas, prácticas de auto-explotación, de competencia voraz, de individualismo y de mezquindad.

Embebidos por las ansias de "progreso", que se erigió en prerrequisito para la felicidad bajo la lógica neoliberal, hemos focalizado la atención en nuestras vidas individuales, construyendo sentidos vitales en torno al consumir todo aquello que nos hará triunfadores y por consiguiente felices. De esta manera, el consumismo nos ha hecho olvidar de nuestra finitud, nos ha invitado a bloquear el sufrimiento y el dolor, equiparando la felicidad con el placer momentáneo y efímero.

Nos pasamos persiguiendo la felicidad que se escapa en una compra tras otra y mientras tanto, perdemos de vista la grotesca miseria en la que hemos vivido insertos. No sólo se trata de la miseria de nuestras vidas personales, reducidas al simple carácter de pasivos consumidores que no transforman el mundo, sino que nos permitimos ser cómplices de estructuras atroces que viven de la miseria, la desigualdad, la precarización laboral, una vergonzosa mercantilización de los derechos, la pobreza, la corrupción, la plutocracia, etc.

Hemos aprendido a mirar esta miseria con frialdad sin darnos cuenta que nuestros cimientos de seguridad existencial están completamente erosionados, pues esta idea se acompaña, como contra cara, de la incertidumbre y el miedo de no alcanzar aquello que nos hemos impuesto: la riqueza, el éxito individual, la felicidad; así como de no poder responder frente a las múltiples deudas asuminidas para llevar un estilo de vida acorde a dichos imperativos.

En este sistema son pocos los que ponen las reglas y muchos los que padecen sus consecuencias, con seguridad la mayoría nos ubicamos en el segundo grupo y en el fondo lo sabemos, pero seguimos corriendo tras una inútil felicidad, como ratones corriendo en su rueda.

La llegada del Covid-19 nos puso de cara con nuestra incapacidad de controlarlo todo, de frente a nuestra finitud, logrando desenmascarar un frágil y atroz sistema.

En nuestro país, gran parte de la población se encuentra hoy sometida al hambre, al hacinamiento, a la carencia de servicios de saneamiento básico, de vivienda adecuada, insertas en trabajo informal, exclusión, pobreza, miseria y no por el Covid-19, sino por la incapacidad de nuestro sistema para generar condiciones de vida dignas para todas y todos.

La pandemia sólo nos ha proporcionado la posibilidad de ver claramente los daños generados por "el libre juego del mercado", por la "libre competencia" y por la subyacente producción de un Estado funcional a este modelo económico, restringido a asegurar que esta lógica de mercado fluya, a reglamentar en conformidad con los intereses de las élites nacionales e internacionales y a reprimir y contener cualquier forma de oposición.

Este escenario de desprotección y de ausencia de garantías para la población colombiana, produce miedo e incertidumbre, como la que se encuentran experimentando miles de personas en la actualidad.

No obstante, aún bajo la fuerza ideológica del sistema, necesitamos cuestionarnos y reconocer la urgencia de generar transformaciones en el modelo económico y político del país.

Es por esto que, en términos subjetivos, tenemos una tarea impostergable y es comenzar a reconocer el minúsculo control que tenemos sobre nuestra vida y nuestra sociedad bajo las lógicas actuales; renunciar al dogma de felicidad neoliberal, que encubre una dolorosa inseguridad y miedo existencial y renunciar a la idea individualista de competencia, para avanzar hacia la generación de proyectos colectivos.

Cuando podamos renunciar al imperativo de éxito individual y comencemos abrazar la necesaria tarea de construir colectivamente, podremos comprender que la libertad no está en poder "crecer ilimitadamente como individuos", sino en poder actuar con otros y darle sentido a nuestras vidas en función del aporte que hagamos para transformar nuestras realidades y mejorar el mundo.

* Docente investigadora Universidad de San Buenaventura Medellín, integrante de la Red Interuniversitaria por la Paz REDIPAZ, y el Grupo autónomo de Investigación Kavilando.

Referencias:

Bauman, Z. (2011). Daños colaterales. Desigualdades sociales en la era global. México: FCE

Byung Chul-Han (2017). Psicopolítica. Herder: España

Kavilando (2020, 14 de abril). Radio Kavilando. Covid-19 y el mundo del trabajo. Un futuro incierto.

Ospina, W. (2015). Es tarde para el hombre. Colombia: Literatura Random House
Vega Cantor, R. (2011). Un mundo incierto, un mundo para aprender y enseñar. Colombia: Impresol Ediciones

 

Déjanos tus comentarios


Código de seguridad
Refescar

Revista Kavilando

PORTADA KAVILANDO 11 2B

Publicaciones

Slider

Afiliados a

clacso

cc

Visitas