Reajustando la política de la seguridad democrática. Un Falso Positivo en el limbo.

Linea Conflicto Social y Paz

Por: Omar Eduardo Rojas Bolaños*.

Para erradicar el Falso Positivo hace falta acabarlo de raíz. Acabarlo significa generar estrategias para que no se adoctrine sino se forme; significa dejar de enseñar a odiar; significa dejar atrás el concepto de “enemigo interno”; significa dejar de considerar como “enemigo” a aquellos que no viven en el gueto o asisten a sus clubes.

 

 

FP CE

Cínico, descarado y sin vergüenza. Al estilo del protagonismo realizado por gobernantes y generales durante la política de seguridad democrática, el ministro de defensa sin pudor alguno, a pesar de las evidencias, sale en los medios de comunicación defendiendo militares criminales. Todo bajo la mirada complaciente de quien dirige las riendas del país y de quienes llaman a la guerra.

La mirada de Guillermo Botero al momento de comunicarle al país que no fue un crimen lo registrado por la Fuerza de Tarea Vulcano, en el Catatumbo colombiano, sino una muerte en legítima defensa, es fría y calculadora. No se esfuerza para que la sociedad le crea que en un forcejeo entre un militar y un ex combatiente, la cabeza de este último quede destrozada y su genital mutilado. Como ritual colocaron el genital en el pecho. Le resta importancia al hecho de que los militares se encontraran cavando un hueco para enterrarlo, desaparecerlo. La mirada es idéntica a la del general Paulino Coronado, comandante de la Brigada No. 30 de Santander, al momento de comunicarle al país, durante el 2008, que los jóvenes de Soacha, asesinados en su jurisdicción, pertenecían a bandas criminales. Mira idénticamente como su guía moral y político al momento de asegurar, sin temor alguno, que los jóvenes de Soacha no se encontraban recogiendo café sino cometiendo actos criminales. La mirada es igual a la del Fiscal General de la Nación, Mario Iguarán Arana, cuando justificaba los crímenes denominados Falsos Positivos. Es la misma mirada registrada una semana atrás por integrantes del partido de extrema derecha, centro democrático, al momento de justificar el asesinato de un bebé porque sus padres le apostaron a la paz. No es casual que en los dos eventos las víctimas se encuentren relacionadas con el partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común; Dimar Torres, por ser militante, Samuel David, por ser una criatura de siete meses hijo de militantes.

Lo de Dimar Torres es un Falso Positivo que quedó en el limbo. Si la comunidad no hubiera actuado de manera inmediata los medios de comunicación, leales al sistema, informarían que en un enfrentamiento militar se dio de baja al guerrillero de las FARC, alias Dimar, quien supuestamente manifestó abandonar las armas. Los medios más amarillistas lo catalogarían de terrorista. El Falso Positivo, estrategia de guerra sucia, psicológica y política, llegó y se incrustó en la cultura militar y policial puesto que hace parte del adoctrinamiento. A través de él se impone una realidad ficticia y engañosa, cobijada por ideas de guerra, de exterminio. Con la venía de medios de comunicación, se intenta convencer a la población de que sus actores proceden por principios altruistas y que los crímenes benefician la población puesto que lo realizan en beneficio de todo el colectivo social. El militar debía eliminar a Dimar Torres puesto quería apoderarse del fusil para volver al monte, es la reflexión del ministro de defensa.

El Falso Positivo se aferra en el consciente y subconsciente de los victimarios, desde las escuelas de formación, allí se les adoctrina alrededor del “enemigo interno”. Allí se les inculca, con cantos de guerra las veinticuatro horas del día, que deben bañarse en piscinas llenas de sangre de guerrilleros. Los cantos penetran en el individuo, algunos repiten inconscientemente la letra sin estar corriendo, sin estar despiertos. Se les inculca en las aulas de “formación” militar que quien hace parte de la izquierda o hace parte del partido comunista es su “enemigo”. Se les adoctrina que el sindicalista, el defensor de los derechos humanos, el líder y la lideresa social, el maestro, los estudiantes, los escritores, los defensores del medio ambiente, y lo que hoy denominan castros chavistas, entre otros, no son sus iguales, por lo tanto, son sus enemigos. Se les adoctrina en el odio para que profesionalmente limpien el país de quienes han hecho sus “enemigos”.

El Falso Positivo no desaparece de la cultura militar de la noche a la mañana. Es un paño de agua tibia que generales se comprometan que esos crímenes no volverán a cometerse. Hace diez años se comprometieron a ello y sin embargo el Falso Positivo continúa realizándose, hoy los llaman sin temor alguno “errores militares”. De nada vale que se juzgue a los victimarios y se les condene a penas irrisorias en guarniciones militares, hoteles penitenciarios de cinco estrellas, mansiones cárcel, o pabellones especiales. De nada vale porque serán reemplazados por otros militares adoctrinados en las mismas escuelas, quienes también se dedicarán a mutilar y asesinar a sangre fría a sus enemigos. De nada sirve llevar ante un tribunal a la ministra de defensa que instauró la pena de muerte dándole legitimidad a los Falsos Positivos, como tampoco sentar en esos tribunales a quienes diseñaron la estrategia o a quienes ordenaron diseñarla. Serán reemplazados por quienes piensan, sienten, actúan y desean lo mismo: la guerra.

Para erradicar el Falso Positivo hace falta acabarlo de raíz. Acabarlo significa generar estrategias para que no se adoctrine sino se forme; significa dejar de enseñar a odiar; significa dejar atrás el concepto de “enemigo interno”; significa dejar de considerar como “enemigo” a aquellos que no viven en el gueto o asisten a sus clubes. Erradicar el Falso Positivo significa cambiar de cosmovisión, amar el país, amar su gente, amar la patria.

Erradicar el Falso Positivo significa permitirle al soldado la capacidad de razonar puesto que se le ha despojado del pensamiento, de la crítica; significa mostrarle que el campesino es indispensable para el crecimiento del país; significa llevarlo a la reflexión sobre el aporte de los indígenas en la protección de la tierra, de los recursos naturales del país; significa mostrarle la importancia del conocimiento, de las letras.

No es en vano que Hannah Arendt plantee en “Eichmann en Jerusalén, un reporte sobre la banalidad del mal”, que el mal de la modernidad es superfluo, que carece de profundidad. El victimario militar colombiano es un mercenario que sueña prestar sus servicios “profesionales” a multinacionales o emires. Colombia los exporta, hay quienes se sienten orgullosos de ello.

¨Sociólogo, invetigador, consejero de Paz CONPAZ -Medellín, integrante del Grupo de Investigación y Editorial Kavilando

 

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