"Y como soy soldado y no puedo opinar, he decidido quitarme la vida". Impotencia, honor y lealtad.

Linea Conflicto Social y Paz

Por: Omar Eduardo Rojas Bolaños

La impotencia nuevamente se apodera de la existencia al escuchar a veteranos de las fuerzas armadas proclamar abiertamente que para apaciguar el paro “plomo es lo que hay que dar”.

 

 

soldado suicidio 2

Foto: Revista Semana

La impotencia, ese profundo e inconsolable dolor emocional que resulta de no poder remediar una situación o circunstancia desagradable, se encuentra rondando la base de las fuerzas armadas de Colombia.

El dolor de un ser humano íntegro, con valores, apegado a los preceptos constitucionales, al ver a superiores y compañeros violar los derechos humanos, es profundo, agudo, hace atragantar, máximo cuando la violación de los derechos lleva al aniquilamiento de quien han hecho su adversario. Atragantarse, no poder arrojar palabras para madrear o putear las acciones criminales de quienes son sus compañeros no es cobardía, es sensibilidad humana.

Soldados y policías se atragantan al ser conscientes de que no vale la denuncia, de que al hacerlo serán tildados dentro de las filas como traidores, desleales, conspiradores o terroristas. De no atragantarse se queda expuesto a morir en un campo de batalla real o ficticio, no por acción del enemigo sino por la misma tropa. La investigación de los hechos arrojará que su muerte fue ocasionada por el adversario.

No todos los que son forzados, o llegan voluntariamente, a pesar del proceso de formación militar o policial al que son sometidos, quedan convencidos de que el enemigo son sus compatriotas, su comunidad. No todos, pero sí unos más que otros, quedan adoctrinados para alzar un arma para eliminar al comunista, al castro chavista, al de la izquierda, al maestro, al estudiante, al obrero, al líder social o defensor del medio ambiente, entre otros, que agobiados por las condiciones a que han sido sometidos durante sus vidas, osan salir a la calle a gritar, exigir, luchar. Para percibir lo que piensan soldados y policías frente al enemigo interno solamente basta mirar las redes sociales, asistir a sus clubes o eventos institucionales, ir a sus reuniones sociales, asistir a sus claustros, participar en sus cursos, o hacer parte de sus conversaciones formales o informales.

Ellos mismos se autoproclaman de derecha, algunos sin ningún temor, de extrema derecha, de ahí que en todo momento petrifiquen, señalen y sentencien, a todos los que no se encuentran incluidos en su círculo. En la cotidianidad del militar o del policía, constantemente la obediencia ciega es puesta a prueba de igual manera como la lealtad hacia el Estado, la institución y sus compañeros.
El maltrato al que son sometidos algunos militares y policías por sus cuadros de mando se replican en el servicio, en la calle.

Sin embargo, el adoctrinamiento al que es sometido el recluta, o estudiante de policía, no permea los valores de quienes han sido formados en sus hogares con el principio de la vida, del respeto y del amor hacía el prójimo, reforzados estos durante la escuela, el colegio o la universidad. La carta de un militar es diciente.

Tú que puedes marchar llévale un mensaje a tus compañeros, nosotros los militares no tenemos la culpa, aunque bien pecamos por omisión estamos obligados a cumplir órdenes, pero si pudiéramos marchar estaríamos allá peleando, porque somos personas, somos del pueblo, somos de clase media como todos los que hoy levantan su grito, también tenemos salarios paupérrimos, explotación laboral, humillaciones por parte de oficiales superiores, un sistema de salud deplorable, una calidad de vida miserable en donde crecen niños con padres ausentes, esposas con esposos ausentes, viéndolos cada cinco meses, donde nuestros héroes caídos en campos minados que pierden sus extremidades son echados del ejército como perros con un salario casi mínimo, tenemos censura, opresión, lleva este mensaje marchen por los que no tenemos voz, marchen siempre (Tweet, 2019).

La voz del sargento no es solamente suya. Es la voz de centenares de jóvenes que se ven forzados a prestar el servicio militar, quienes, a pesar de la censura, se solidarizan con el paro, con la lucha. Algunos han ingresado voluntariamente a las fuerzas armadas esperanzados en lograr una mejor calidad de vida, otros obligados, y otros escapando de sus territorios para no ser reclutados por paramilitares, narcotraficantes o guerrilleros. Ante la ausencia de oportunidades solamente tienen la opción de tomar un fusil, lícito o ilícito. Entre las voces de abajo la del soldado Juan Sebastián Vásquez, de dieciocho años, agregado al batallón número 39, se escucha, se replica. Él decidió abiertamente expresar tanto su dolor como el apoyo al paro en las redes sociales.

Este video lo hago con dolor, lo hago con rabia. Lo hago con desilusión al ver como este país se está hundiendo cada vez más por esa hijueputa oligarquía, por gobernantes que lo único que quieren hacer es robarnos lo que nos pertenece, recursos para la salud, para la educación. Hijueputa, lastimosamente me daría miedo a llegar a tomar armas contra el pueblo por ordenes de superiores. … No tengo necesidad de taparme la cara…. Así termine en una corte marcial como me decía, pero yo apoyo el hijueputa paro … ¿Que siga el hijueputa paro, que siga las manifestaciones, por qué? Porque estamos luchando por derechos propios, por derechos que nos pertenecen … (PM Uniatlantico, 2019).

El rastro de Juan Sebastián se perdió minutos después de que colgara en las redes su apoyo al paro. Su vida terminará dentro de unos barrotes señalado de traidor a la patria o su cuerpo será presentado como muerto en combate. Antes de que decidan la sanción moral, disciplinaria, institucional y penal por su osadía será señalado, ante todos sus compañeros, de ser integrante de un grupo subversivo. Será repudiado mientras siga en pie, ante la picota pública del ente militar como escarmiento, para que ningún otro soldado se atreva a hacer lo mismo. El miedo, como mecanismo de disuasión, también se recurre dentro de las filas militares.

Paralelamente al evento, en otro lugar de la geografía colombiana, el soldado de 21 años Brando Cely Páez, adscrito a la Brigada 13 del Ejército Nacional, ante el señalamiento de sus superiores por expresar su apoyo al paro, y como protección para su familia, recurrió al suicidio. La voz de Brando es la de cientos de soldados que deben obedecer órdenes absurdas porque no se llega a las fuerzas armadas a pensar o reflexionar sino a cumplir. Las órdenes se cumplen o se acaba la milicia, cumpla la orden y después reclama, son premisas que mañana, tarde y noche se escucha en escuelas de formación militar. Consciente de ello, se levanta contra el régimen no alzando el fusil contra manifestantes, campesinos o líderes sociales, sino contra lo que siente que representan su uniforme.

No se mata así mismo, mata la barbarie, la injusticia, la impotencia. No alzó su fusil contra sus compañeros de arma porque era consciente de que ellos se encontraban en su misma situación. Fácilmente lo hubiera podido hacer, pero lo aprendido en el hogar y la escuela se lo impidieron. La milicia adoctrina, silencia. El mensaje es contundente, pero pasará desapercibido en sus cuadros de mando, en sus superiores y en quienes empujan a los militares a asesinar en nombre de la democracia. "Y como soy soldado y no puedo opinar, he decidido quitarme la vida".

Aquí ha habido muchas injusticias con nosotros, cosas que tenemos que callar y agachar la cabeza. Hoy un cuadro señaló que yo era de izquierda extremista, siendo él de derecha extrema. Entonces me señalaron a mí como un disociado. Para salvaguardar mi bienestar, salí de la base lo que acarrea en la Justicia Penal Militar de 2 a 3 años de cárcel por delito de deserción. No me han dejado más opción que grabar este video para protestar y apoyar a los estudiantes y los invito a todos para que pelen. Peleen por nuestra educación (Semana, 2019).

"Desearía haber aprendido cómo salvarle la vida a un paciente en paro que limpiar un arma"; “Hemos tenido que bajar la cabeza”, “Y como soy soldado, y no puedo mencionar esto, he decidido acabar con mi vida para evitar inconvenientes a mi familia y mis seres queridos” señaló Brandon en el video, así mismo hizo un llamado a sus compañeros a pensar en las necesidades del pueblo, al finalizar, les invita a no poner sus armas en contra de éste (Kavilando, 2019).

Bastaron pocos minutos en conocerse el suicidio del Brando Cely Páez para que la acción psicológica del Estado, que se encuentra detrás de las redes sociales, lo señalaran de cobarde. La acción de Brando no es de cobardía, miedo, es de impotencia. Pero este no ha sido el único caso. Entre el año 2000 y el 2006 se han suicidado 1.155 integrantes del ejército nacional mientras que en el periodo 2004 y 2019 fueron muertos en combate 3.388 militares, significando ello que por cada dos caídos en combate uno se suicida. “Las condiciones de sanidad mental al interior del Ejército dejan mucho que desear” (Semana, 2019).

Caso contrario el pronunciamiento, también de dolor, del sargento (r) Chala Sáenz, quien respondiendo a la senadora uribista María Fernanda Cabal su propuesta de movilizar reservas contra el paro, el militar le expresa: “No senadora yo no estuve más de 20 años en las fuerzas militares para salir e irme en contra de mi pueblo … y si apoyar un paro me hace bandido prefiero serlo, antes que ser la ramera de una clase elitista de mierda” (pulzo.com, 2019)

Referencias bibliográficas:

Caracol Radio (2019). Soldado que apoyaba el paro se quita la vida. 26 de noviembre.

Kavilando (2019). Soldado que publicó video apoyando el paro nacional se quitó la vida. 26 de noviembre.

Pulzo (2019). María F. Cabal pide llamar a reservistas, y sargento (r) dice que él no es “idiota útil”. 24 de noviembre.

RCN Radio (2019). Alerta por altos índices de suicidio en las Fuerzas Militares. 11 de junio.

Semana (2019). La historia del suicidio de Brandon Cely, el soldado que nunca pudo ser médico. 26 de noviembre.

 

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